martes, 24 de mayo de 2022

Cicerón, Hila y Armengol

mallorcadiario.com 

Cicerón, Hila y Armengol

Ser alcalde de una gran ciudad es mucho más complicado que ser presidente de una comunidad autónoma. Pues la política, como dijo aquel, es, en buena medida, “el arte de la apariencia”. Así que el postureo es mucho más sencillo a medida que las decisiones tomadas resultan más difíciles de “tocar con las manos” de forma inmediata.

Probablemente esta es la lección que tiene pendiente para septiembre (o más bien para otro curso) el alcalde Hila. Pues a poco que se haya seguido su trayectoria, se puede observar como ha intentado poner en práctica la misma que su jefa Armengol, una auténtica maestra el la practicar las tres grandes máximas del poder expuestas Cicerón para los supervivientes políticos. La primera de ellas es arriesgar poco, ciertamente, llevar a cabo transformaciones o reformas de mejora equivale a realizar una peligrosa apuesta electoral, pues lo normal es que aunque las reformas resulten claramente beneficiosas para el conjunto de la comunidad, pueden resultar perjudiciales para algún determinado grupo, que sí tiene capacidad de hacerse oír puede empañar la acción emprendida.

De esta manera, lo mejor que se puede hacer para mantenerse en la poltrona es prometer y prometer, incluso utilizando el BOCAIB o los nombres de las consellerias. Anunciar la realización futura de aquellas reformas que satisfagan a la parroquia propia, pero que queden lo suficientemente alejadas en el tiempo como para no despertar a las rivales. Armengol se ha revelado como una maestra en esta cuestión. Muchas de sus leyes han tomado de un eslogan político, propio de su color, el título de la nueva norma, cuyo contenido aplaza su implementación para otra legislatura.

Por este mismo principio, de aversión al riesgo, la presidenta nunca ha tomado una decisión sin antes mirar por el rabillo del ojo lo que hacen los otros dirigentes autonómicos. A diferencia de la presidenta de Madrid, nunca hemos visto que Armengol tomase una decisión con personalidad propia.

Hila, por su parte, ha intentado hacer lo mismo sin considerar que la política municipal es diferente y, se ha pasado de frenada. Ha realizado un montón de anuncios de reforma, sin ser consciente de que cada una de esas reformas puede despertar el resquemor de alguno de los vecinos afectados con independencia de sus simpatías partidistas. Ahora, al final de su mandato, está comprobando cómo ha conseguido el efecto totalmente contrario al pretendido, esto es, ha soliviantado a aquellos colectivos afectados negativamente por sus pretendidas reformas sin llegar a contentar a los que sí podrían resultar beneficiados. Y es que la inmediatez y complejidad de la vida municipal requiere de una mayor pericia política, que, en este caso ha estado claramente ausente.

La segunda gran máxima ciceroniana es la de ser amigo de los auténticamente poderosos. Una vez más Armengol ha seguido este principio a pies juntillas. No ha habido colectivo con poder, ya se trate de hoteleros, de periodistas o de cualquier otro, que no se viese cumplimentado por la presidenta. Hila por su parte también lo ha intentado, pero ni tan siquiera ha sabido identificar a los auténticamente poderosos, como puede ser el caso de los propios funcionarios municipales, sin los cuales la gestión de la complejidad urbana es imposible.

La última máxima heredada del romano es ser desdeñable con el adversario. Algo que a primera vista parece sencillo, pero que en realidad no lo es tanto. Pues se trata de hacer responsable a la oposición u otras administraciones de todos los males y errores que la presidenta, o en su caso el alcalde, no han sabido afrontar. Una acción que requiere de la complicidad de la prensa, a la que hay que comprar, para poder construir el correspondiente relato.

Armengol también ha practicado, como alumna aventajada, esta máxima del superviviente político cada martes en el Parlament. Ella nunca jamás se responsabiliza de una sola mala acción. Cualquier mal de la comunidad es responsabilidad o bien de los partidos del otro lado del espectro, o bien de los “gobiernos de Madrid” (sobre todo cuando son del PP).

Hila, como no podía ser menos, ha intentado seguir los mismos pasos.  Sin embargo, no ha sabido ni coordinar a los numerosos periodistas a su servicio, ni ha sabido jerarquizar por su relevancia los problemas a endosar a la oposición, y mucho menos al Govern. Y es que para un alcalde es mucho más importante conocer la historia no escrita de su ciudad y de sus barrios que para una presidenta de su comunidad.

En definitiva, tanto Armengol como Hila han practicado una política típica de superviviente en el poder, es decir, una política que en vez de tener como horizonte la mejora social, lo tiene en su propia continuidad. Sin embargo, la dificultad añadida que supone la política municipal, nos ha mostrado a un Hila mucho menos diestro en el manejo de las tres principales claves expuestas hace más de dos milenios. Así se podría decir que Armengol ha salido ganadora en la carrera entre los dos miembros del ticket electoral balear. Sin embargo, en nuestro peculiar sistema de organización política, la responsabilidad de la elección del candidato a la alcaldía Palma depende de la presidenta, por lo que podemos concluir que no hay vencedores.

martes, 17 de mayo de 2022

Estatismo

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Estatismo

A finales del siglo XIX, la filosofía político-económica liberal del laissez-faire entró en declive en toda Europa y, también, en los Estados Unidos. En Prusia se desarrolló un estado de bienestar y belicista sustentado en las ideas elaboradas por los principales catedráticos de las reputadas universidades germanas. Quienes, además de contribuir al alumbramiento del hasta entonces inédito estado alemán, irradiaron su ideología estatista entre numerosos hombres y mujeres influyentes de todos los ámbitos geográficos. De auto-consideraron más modernos y progresistas que a los anticuados liberales, a los que se despreció como “pasados de moda, al menos en muchos de sus aspectos.

Efectivamente, muchos de los vástagos de las clases dirigentes se formaron en Alemania al calor de sus potentes universidades, regresando después a sus países imbuidos de la necesidad de construir Estados grandes y poderosos, lo que incluía la constitución de Bancos Centrales que pudiesen facilitar un crédito ilimitado a sus respectivos gobiernos, aunque fuese a costa de abandonar el “patrón oro” que tan magníficos servicios había prestado a lo largo de la segunda mitad de aquel siglo.

Con el nuevo formidable estatal poder en manos de los gobiernos, pronto se sintió la necesidad de contar con académicos, científicos, escritores, publicistas y, en definitiva, con forjadores de opinión que ayuden a fraguar el consentimiento social del nuevo orden administrativo. Nunca antes se habían requerido de una forma tan clara los servicios de tantos intelectuales. En todo occidente las pequeñas organizaciones de académicos y hombres de negocios pro-liberales se vieron desplazadas por centros culturales y de estudio pro-estatistas muy generosamente financiados por los gobiernos o por sus afines. Desde entonces e tablero de juego está inclinado.

Sin duda, las causas de la Primera Guerra Mundial fueron muchas y variadas, no obstante, la existencia de gobiernos al frente de estados ultra-poderoso que disfrutaban de un crédito ilimitado y una cohorte de intelectuales que sustentaban el relato socialmente aceptado también ayudó mucho. Además, en el nombre de las naciones se volvieron a otorgar privilegios empresariales anti libre mercado que forjaron una nueva y estrecha alianza entre las élites económicas y políticas al objeto de frenar la incipiente mundialización. Estas fueron, en buena medida, algunas de las semillas del desastre con el que se inició el siglo XX.

La historia nunca se repite, pero el siglo XXI ha empezado con mal pie. La ideología liberal, que constituye el fundamento de los sistemas democráticos de libertades, vuelve a estar en declive. El estatismo retoma la consideración de fuerza organizativa más actual y superior. A lo que contribuyen los descomunales aparatos propagandísticos e intelectuales que en los últimos se han generalizado al calor del abundante dinero público. Así, además, se ha conseguido arrinconar presupuestariamente a los discrepantes. Los bancos centrales vuelven a ofrecer créditos ilimitados a unos gobiernos de voracidad insaciable, que en nombre del nacionalismo o del “kilómetro cero” limitan el comercio internacional. Un hecho que hace resurgir la alianza entre grandes empresas y gobiernos revestidos de progresismo. Por si todo lo anterior fuera poco, la Guerra de Ucrania permite justificar un nuevo militarismo que también se convertirá en más Estado.

Así, mientras los ciudadanos escuchamos machaconamente el discurso buenista y paternalista estatal que nos promete seguridad, tranquilidad y felicidad, al tiempo que vemos mermar nuestros márgenes económicos y de libertad, algunos no podemos dejar de recordar que la historia nos muestra como la concentración del poder, que siempre se realiza en nombre de buenas causas, acaba haciendo aflorar el mal.

 

sábado, 14 de mayo de 2022

El reparto de los fondos europeos ‘esquiva’ a las empresas

Carmen Planas firma el siguiente artículo en ultimahora.es: 

La semana pasada leíamos en estas mismas páginas como el Govern balear se felicitaba por la gestión que está haciendo sobre los fondos europeos. El conseller de Fons Europeus, Universitat i Cultura, Miquel Company, aseguraba que Balares es «la región que más rápido los está ejecutando». Resulta llamativo el optimismo del Govern balear por la ejecución de unas inversiones que en total deben llegar a 140.000 millones de euros para transformar la economía nacional. Un año después de la aprobación del Plan, Baleares apenas ha recibido un 1 % de los 31.000 millones llegados ya a España, según publica el Ministerio de Asuntos Económicos. Es más, según el último informe de la CEOE, sólo un 27 % del total de los fondos que el Estado gestiona de forma directa ha llegado al tejido productivo (805 de casi 3.000 millones).

El conseller también hacía referencia a la puesta en marcha de 70 actuaciones y la previsión de otras 40 en Baleares: proyectos públicos como reformas y equipamientos sanitarios y educativos, políticas de ocupación y/o movilidad sostenible, etc. Nada que objetar excepto que no debemos olvidar que los Fondos Next Generation son una oportunidad consecuencia de una pandemia devastadora. Sin haber sufrido una pandemia, ¿no se habría reformado el Hospital de Manacor ni se hubieran ejecutado inversiones educativas públicas?

La inmensa mayoría de las convocatorias están dirigidas exclusivamente al sector público. Las que permiten concurrir a empresas y particulares son prácticamente nulas. Los mayores importes se han dedicado a convocatorias continuadoras de programas que ya existían como las de energía o movilidad sostenible. Además, muchas de estas convocatorias simplemente se gestionan a nivel autonómico sobre otras diseñadas a nivel estatal, con lo que no recogen las necesidades de las empresas de Baleares. A nivel nacional el ritmo de publicación de convocatorias ha sido mucho mayor, pero sometido también a numerosas dificultades como la dispersión entre distintos organismos convocantes, lo que multiplica la burocracia obligando a las empresas a trocear proyectos.

Una tercera vía de acceso a los fondos muy publicitada son los denominados PERTEs, también de difícil acceso a empresas baleares por el ritmo muy lento de aprobación y complejidad de las convocatorias publicadas. Finalmente, la transparencia en la ejecución de estos fondos brilla por su ausencia. En Baleares no existe ninguna fuente oficial que recoja y publique datos detallados respecto de las tasas de ejecución. Hay que saber cuánto dinero se queda sin repartir en estas convocatorias por las dificultades de concurrir u otros motivos.

Tampoco se han llevado a efecto, ni a nivel nacional ni autonómico, la aplicación de incentivos fiscales o bajadas de impuestos a pymes y autónomos con cargo a estos fondos. Éstos tendrían un efecto inmediato sin apenas burocracia y llegarían eficazmente a las empresas en un escenario inflacionista. Países como Francia, Portugal o Italia ya los han implementado.

Desde CAEB no compartimos la euforia mostrada por el Govern balear y nos llama la atención que reclamen «más que nunca, la participación del sector privado». Las empresas son las que más saben cómo canalizar inversiones productivas, cómo transformar digitalmente nuestra economía, cómo innovar. Nos hemos puesto a disposición del Govern para ayudar, definir, planificar, difundir. Siempre decimos que si se le pregunta al que sabe la probabilidad de equivocarse es menor. Creemos en la colaboración público-privada, pero tras dos años de muchas dificultades las empresas también necesitan participar activamente de unos fondos que no pueden convertirse en un segundo Plan E. Para diferenciarlo, es necesario proteger al tejido empresarial del ‘shock’ producido por la pandemia.

martes, 10 de mayo de 2022

¡Liberalicemos la educación! ¡Soñemos!

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 ¡Liberalicemos la educación! ¡Soñemos!

¿Qué ocurriría si liberalizamos la educación?, es decir, si dejase de ser uno de los sectores más intervenidos, regulados y controlados de toda la actividad social, para pasar a permitir perspectivas diferentes que pudiesen ser comparadas y elegidas por los discentes. No lo sabemos, pero llevamos años en que cada nueva ley educativa, aprobada e implementada, es más restrictiva e invasiva que la anterior, limitando los márgenes de creatividad de los profesionales implicados y, con ello, las posibilidades de elección de las familias. Efectivamente, nos quieren hacer creer que existe un triste consenso según el cual sólo quien ocupa el gobierno (sobre todo si es de izquierdas) cuenta con el conocimiento necesario para el diseño de los planes y programas educativos. Sin embargo, la realidad es que el consenso se centra exclusivamente en considerar a la educación como parte esencial para el completo desarrollo personal.

Afortunadamente, en nuestra sociedad existen otros sectores que sí gozan de tales márgenes de libertad. Por ejemplo, el de la alimentación, lo que se plasma en tiendas y supermercados repletos de productos diferentes a precios razonables, que se adaptan a las exigencias de cada consumidor con unos niveles de calidad excelentes. Lo mismo ocurre en el caso de la vestimenta. Incluso, por poner un ejemplo más cercano, en los centros educativos de élite también existen mayores grados de libertad con modelos propios de aprendizaje.

Aclaremos, antes de continuar, que liberalizar no es lo mismo que privatizar. No estoy abogando por una privatización, sino por aumentar las posibilidades de los profesionales, al tiempo que las de elección de los padres, lo cual se puede llevar a cabo de distintas formas. Evidentemente, una liberalización supone un mayor grado de autonomía para los responsables de cada centro y de cada aula, cuyos resultados podrían ser observados mediante la publicación transparente de sus principales datos y, sobre todo, por la libre elección de los padres en sustitución de la libre elección de los políticos.

Sin ir más lejos, el extremadamente restrictivo diseño de las zonas de escolarización de Palma, solo puede ser resultado de la mente de un político de medio pelo sometido a presiones opacas, y convencido de que él conoce mejor que sus conciudadanos las necesidades de sus hijos, algo tan absurdo con los chistes de Tip y Coll.

Los españoles que tenemos una cierta edad hemos vivido distintos procesos de liberalización, a veces unidos a procesos de privatización y otras no. Y los resultados siempre han sido buenos, aunque, en algunas ocasiones, han supuesto dificultades iniciales. También es verdad que, en algún caso, los propios burócratas han querido pilotar de forma tan férrea los propios procesos de apertura que estos han quedado incompletos.

Pero, en cualquier caso, me atrevo a predecir que liberalizando la educación posiblemente apareciesen nuevos enfoques que harían realidad aquello de que “es posible aprender de otra manera”, más eficiente y adaptada a la realidad de todos y cada uno de los estudiantes. Y a pesar que la mayoría de los intervencionistas enseguida objetarán que la posibilidad de seguir itinerarios distintos genera desigualdad, lo cierto es que la diversidad a todos favorece, tal como ocurre con las dietas o con las formas de vestir. La energía imaginativa que se liberaría al abrir el frasco del sistema educativo, con toda seguridad, sería de tal magnitud que hace difícil conocer su alcance a priori.

Cómo padre se enfrenta al burocratizado proceso de escolarización, que hoy (lunes 9 de mayo) se inicia, soy consciente que liberalizar un sector tan repleto de intereses políticos, sindicales, económicos, y de todo tipo, parece un sueño imposible, pero para aquellos que confiamos más en las personas que en los gobiernos es un bello sueño. Al fin y al cabo, el formar a personas independientes que no necesitan ningún tipo de tutela es el objetivo declarado de cualquier sistema educativo.

 

viernes, 6 de mayo de 2022

¿Quiere el gobierno combatir la inflación?


Como se ve por el título de la entrada, que es el que le di. El error del publicado no es mio

martes, 3 de mayo de 2022

Empleo creado por inflación

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Empleo creado por inflación

Cuando estudiaba la carrera de ciencias económicas, en los años finales de la década de los setenta e inicios de los años ochenta, se decía que nueve décimas partes de las políticas de creación de empleo de entonces consistían en generar inflación. Incluso se nos mostraba una gráfica llamada Curva de Phillips que sugería que a más inflación más empleo. La idea esencial era que un aumento de la masa de dinero tenía un efecto a corto plazo sobre la demanda agregada, un efecto que también, nos advertían, era una simple “ilusión monetaria”.

Ciertamente, después, cuando pasó un tiempo (a largo plazo) la inflación provocó tal cantidad de distorsiones en el funcionamiento correcto de los mercados que imposibilitó a muchos su participación, convirtiéndose en estanflación.

Así que, ahora tristemente, no nos queda más remedio que desempolvar aquellas viejas enseñanzas para, una vez más, rebajar la alegría gubernamental y mediática sobre la situación del mercado de trabajo. Una parte importante de los empleos que se crean en este momento son, ni más ni menos, que el resultado del proceso inflacionario que desgraciadamente estamos viviendo.

Para empezar, la creación de empleo ocurre, de forma importante, en el propio sector público que está pudiendo funcionar gracias al dinero de nueva creación. Un dinero que también llega, entre otros agentes económicos, a colectivos como puede ser el de los jubilados cuyas pensiones también están siendo abonadas con dinero recién impreso.

Además, la política monetaria ultra expansiva comporta tipos de interés artificialmente bajos que distorsionan los planes de inversión, pues los más incautos tenderán a sobrevalorar sus beneficios futuros. Por ello pueden crear empleo durante un tiempo antes de descubrir lo insostenible del mismo. Así, de momento, la demanda se mantiene claramente por encima de la que realmente está vinculada a la producción, provocando burbujas de todo tipo que necesariamente pincharán más adelante.

La buena noticia es que, por ahora, no se han oído demasiadas voces abogando por el control de precios, aunque si las hay sobre el establecimiento de un imposible "pacto de rentas", con el numeroso colectivo de los jubilados con sus pensiones indexadas. Una política que podría tener parecidas consecuencias negativas, pues en el momento en que la inflación es planeada, admitida y prevista, se acabó todo.

Y es que, en definitiva, la inflación es un impuesto que no requiere que el gobierno tenga que someterse al preceptivo control parlamentario, es decir, es una estafa. Lástima que cuando, a medio plazo, aparezcan los grandes males asociados a la degradación del dinero lo más probable es que el presidente y los ministros de turno sean otros.

 

 

martes, 26 de abril de 2022

Otro modelo de diputado en Baleares

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Otro modelo de diputado en Baleares

El modelo o tipo de diputado en el que pensaban los liberales, fundadores de las modernas democracias, era el de un representante que defiende los intereses de sus electores frente, sobre todo, al descomunal poder del Estado con tendencia al abuso, elegido por sufragio en circunscripciones uninominales. Sin embargo, nuestro congresista tipo es, más bien, un funcionario del partido por el que ha sido nombrado. De hecho, muchos de los actuales legisladores, tanto regionales como nacionales, ni tan siquiera han participado en las campañas electorales. Les ha bastado con que su nombre figure en una lista.

Además, nuestro sistema electoral tiene la peculiaridad de contar con circunscripciones provinciales para recibir un mandato de representatividad nacional. Una incongruencia que alimenta el auge de los nacionalismos periféricos, pues, los candidatos solo tienen incentivos para rendir cuentas de los problemas locales, a pesar de representar al conjunto del pueblo español. Todo lo cual motiva que casi ningún votante sepa, ni tan siquiera, quienes son los parlamentarios de su provincia, de manera que la sensación que tiene la mayoría de la población es que los políticos constituyen una casta aparte que sigue sus propias dinámicas de forma independiente de sus representados.

Y de hecho es así, un diputado del partido del gobierno defenderá con los ojos cerrados cualquier acción del ejecutivo, aunque ésta contravenga lo que él mismo prometió durante la campaña. Con Sánchez, y los diputados del PSOE y sus coaligados, ha ocurrido en infinidad de ocasiones, aunque también pasaba con otros presidentes. Por contra, si un diputado pertenece a un partido de la oposición evitará realizar propuestas de reforma que conlleven un mínimo de dificultad, aunque éstas puedan ser beneficiosas para el conjunto del país, o incluso para sus votantes.

Esta es, a mi juicio, la principal razón por la que, en nuestro país, las campañas electorales se han convertido en algo así como una subasta de dinero público, y con ello de la invasión que la política realiza de los ámbitos más privados. Pues mientras los sectores de la izquierda siempre están dispuestos a gastar más, aunque con ello se hunda la actividad económica, los de la derecha proponen reducciones de impuestos sólo en la medida en que esperan mejorar la gestión, y no por una auténtica reducción del gasto. También es este déficit de representatividad el que motiva, tanto la aparición de partidos extremistas, como que muchos temas políticos acaban en las sedes judiciales.

Por ello, opino que sin una reforma electoral que cambie el modelo de diputado, a través un cambio en los incentivos de nuestros representantes públicos, tenderemos a continuar padeciendo los problemas estructurales que, poco a poco, nos están conduciendo a posiciones inferiores respecto a los países de nuestro entorno. O dicho en otras palabras, es nuestro sistema electoral el que, en buena parte, motiva que la economía nacional lleve tanto tiempo estancada y con graves dificultades para hacer frente a los “cisnes negros” que nos está deparando el siglo XXI.

Sin ninguna duda, una reforma electoral es tremendamente difícil de realizar, puesto que a la hora de plantear un nuevo modelo los partidos existentes se posicionarán sacando la calculadora para ver si les beneficia o no. No analizarían nada más que eso. Así, las propuestas de una reforma electoral que mejore el vínculo entre representantes y representados sólo están presentes en la sociedad civil a través de organizaciones como OLE (Otra Ley Electoral) y otras.

Sin embargo, como el sistema electoral nacional es el mismo que han adoptado las comunidades autónomas, quizás, sí se podría hacer una propuesta a nivel local que resultase más fácil de debatir. De hecho, como la ley electoral balear es probablemente inconstitucional al otorgar pesos representativos inversos a la población entre Menorca e Ibiza, nuestra comunidad puede ser el escenario perfecto para iniciar un cambio que mejore el “modelo de diputado”, y con él a toda la sociedad.

lunes, 25 de abril de 2022

Datos sobre el turismo cultural en Baleares

 CULTURA. En 2021, de los 8.680.931 turistas que llegaron a Balears, un total de 1.678.550 declararon tener el turismo cultural como el motivo principal de su viaje o bien realizaron diferentes actividades de carácter cultural. Son el 19,33% del total. En 2019 habían sido 3.922.663, que representaban el 23,85% del total. En las Islas tuvieron lugar 63.319.864 pernoctaciones de las que 13.155.440 correspondieron a turistas que realizaron actividades relacionadas con la cultura. Son el 21,10% de las pernoctaciones. De hecho, la estancia media de los turistas es de 7,2 días, mientras que la de los que realizan actividades culturales es de 7,8 días. En 2019, las pernoctaciones de turistas que realizaron actividades relacionadas con la cultura fueron el 23,85%, mientras que la estancia media se situaba en 7,6 días. El gasto por persona y día fue de 140,50 euros en 2021, ligeramente por debajo de la media de los turistas (140,70). El gasto total de los visitantes que realizaron actividades relacionadas con la cultura fue de 1.101,30 euros, por encima de la media. En 2019, el gasto entre los turistas que realizaron algún tipo de actividad cultural fue de 145,20 euros por persona y día, superior a los 140,50 euros de 2021. En cambio, el gasto total por persona fue de 1.100,50 euros en 2019, ligeramente inferior al registrado dos años después.

ultimahora.es

martes, 19 de abril de 2022

Mi relato sobre el estado del mundo

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Mi relato sobre el estado del mundo

Antes de empezar debo pedir disculpas a los amables lectores porque hoy les presento un artículo algo más largo de lo habitual. Si bien creo que cualquier idea se tiene que poder expresar con una extensión de poco más de un folio, en esta ocasión, la narrativa más variada que pretendo tiene que tener una extensión algo mayor.

Hace poco más de una generación se retomó un proceso de mundialización interrumpido por los grandes desastres del siglo XX. Un proceso que nos venía bien a todos, al mejorar la vida de la mayoría. El mundo de los negocios supone la existencia de espacios comunes que no dependen de la ideología, así que, en ese ámbito, los bloques no existen. De esta forma muchos pobres pudieron abandonar la pobreza, mientras que los países ricos tuvieron suficiente como para compensar a los escasos perdedores del proceso. Una sensación de euforia y de haber dejado atrás los seculares problemas de la humanidad que lo invadió todo.

Pero llegó la crisis de septiembre de 2008. La "exuberancia irracional" iniciada con el siglo nos mostró como buena parte de la producción de bienes se había desplazado a China y algún otro país asiático. Mientras que en Occidente nos dedicamos a los servicios, en especial a los servicios públicos, también a los financieros. Ambos sectores, al atraer a las élites que no encuentran acomodo en la desplazada producción de bienes alimentaron sendas burbujas económicas que finalmente acabaron por estallar.

La primera reacción ante esa Gran Depresión de hace 14 años fue afrontarla de una forma diferente a como se hacía en el pasado, se quería mantener el valor de las principales monedas, en especial del casi recién creado Euro. Un enfoque que obligaba a tener que realizar los ajustes y las reformas necesarias para fundamentar una sólida recuperación. Es decir, para enganchar la globalidad desde una mejor posición.

Simultáneamente, se comenzó a tejer una nueva religión laica con vocación de universalidad basada en el medio ambiente, la alimentación sana, el feminismo y el consumo responsable. Tenía, y continúa teniendo, la misma misión que el resto de creencias religiosas. Etimológicamente la palabra “religión” proviene del latín, el prefijo “re-” indica intensidad, mientras que el verbo “ligare” significa ligar o amarrar, es decir, "religión" es la acción de ligar fuertemente. En este caso, tratando de unir al total de la humanidad. Así mismo, como todas las demás, la nueva promete un paraíso en la propia tierra, aunque también como las demás, lamentablemente, cuenta con sus Torquemada y Savonorola que pretenden evitar desvíos.

Sin embargo, como siempre ha ocurrido en la historia de los gobiernos, afrontar reformas profundas se volvió una tarea casi imposible. La resistencia para mantener el statu quo siempre ha sido la tónica social general. Además, las transformaciones propuestas hace una década afectan, en buena medida, a las élites con poder de los sectores públicos, así como a toda su constelación de sectores orbitales. A lo que hay que añadir que la acción político-electoral había ido configurando identidades territoriales y sectoriales que diluían el concepto de "bien común".

La resistencia al cambio llegó al extremo de poner en riesgo el gran proyecto europeo de la moneda común. Por ello, en 2012 Mario Draghi, en teoría un gris y discreto funcionario, se convierte en el gran líder salvador del Euro. Una moneda nacida como la más importante contribución europea a la prosperidad compartida y democrática. Por supuesto, sus palabras iniciales “Haré lo que sea necesario” tuvieron un corto recorrido, así que al poco tiempo se inicia la expansión monetaria que antes se había querido evitar.

Como en aquel momento el proceso de mundialización todavía estaba en marcha, avanzando en la especialización internacional del trabajo, la inflación no hizo su aparición, pues el exceso de dinero se compensaba con las mejoras globales de productividad. Sin embargo, con los nuevos billetes en las arcas de los gobiernos las reformas se detuvieron, o incluso en algunos casos se puso la marcha atrás. La magia monetaria pareció dar la razón a las formaciones políticas de tipo populista iliberal que consideran, de manera infantil, que la realidad es lo que uno desea, y que, por tanto, la economía se puede configurar a voluntad.

Trump en Estados Unidos con un programa aislacionista que aquí se podría considerar nacionalista y el Brexit en la Gran Bretaña, son claras pruebas de ello. Aquí, en nuestro país, los sempiternos nacionalismos y Podemos consiguieron seducir a una parte de los sectores de pensamiento más tradicional. Así, que la recuperación a la crisis del 2008 se acabó cerrando en falso. La economía de gran parte de los países occidentales, y por supuesto de España, se sustentaba en pilares claramente débiles en 2019.

Con esto, la mundialización nos trae una extraña e impensada sorpresa, pues si bien todos sabíamos que una pandemia era posible (de hecho, ya se habían producido varios avisos) lo que no sabíamos era que íbamos a combatirla al estilo chino, con confinamientos masivos y, por tanto, con suspensión de los sacrosantos derechos constitucionales.

El virus SARS-CoV-2 aparece en China, un país de tradición colectivista, gobernado por autoritarios jerarcas comunistas, que no dudan en aplicar su idea de “contagios cero” a costa de llevar a cabo una hipervigilancia policial que incluye las nuevas tecnologías electrónicas.

La imitación del autoritarismo por parte de los dirigentes de las democracias occidentales pone de manifiesto una cara desconocida de la globalización: el aumento del control estatal de la población, bien de forma directa, o bien a través del manejo de los modernos medios de comunicación, la propaganda y la difusión interesada de opinadores a sueldo.

Una situación que eleva a los principales puestos de mando a políticos dispuestos a prometerlo todo, a considerar que el poder del estado no tiene límite. Así, las “máquinas de imprimir dinero” funcionan a pleno rendimiento mientras la producción real de bienes casi desaparece por completo. El resultado no puede ser otro que una creciente inflación que, más pronto que tarde, nos va a pasar una dolorosa factura.

Por su parte, los bancos centrales ya habían perdido buena parte de su reputación cuando, durante la crisis del 2008, mostraron una flagrante incompetencia a la hora de supervisar las operaciones financieras de mayor riesgo, muchas veces en manos de los propios gobernantes, como fue el caso de las cajas de ahorro españolas. Ahora, quizás, pueden perderla definitivamente ante su incapacidad de cumplir su mandato esencial de preservar la fortaleza y credibilidad de sus monedas, esto es el patrimonio de los ahorradores. El trasiego de políticos encumbrados como directivos de las instituciones prestamistas de último recurso no contribuye a mejorar su credibilidad.

Para colmo de males, se promete a la población una rápida recuperación gracias a una lluvia de millones recién impresos en forma de fondos que transformarán la economía en beneficio de todos, aunque repartidos siguiendo exclusivamente los mandamientos de la nueva religión laica. Sin embargo, el grueso de la población lo único que percibe es un paulatino y continuo empobrecimiento. ¡Ahora sí que la globalización tiene una cara negativa!

La guerra de Ucrania es el episodio definitivo. La vieja promesa de que cuando las mercancías cruzan las fronteras no lo hacen los soldados se ha desvanecido. Ya no nos podemos calentar con el barato gas ruso, tampoco China puede fabricar eficaces chips con tecnología occidental. Ahora entendemos el abandono a los demócratas afganos.

Ha resultado que, desde hace un tiempo, las democracias occidentales son incapaces de exportar sus valores. Ya no los defienden ni en sus sistemas educativos, ni en la producción de sus películas populares, y a veces, ni tan siquiera sus universidades. Es increíble, pero ha acabado resultado que quien si estaba en condiciones de difundir su modelo eran los sátrapas del mundo.

Occidente, debilitado por sus nuevas formas de pensamiento, las cuales incluyen la malhadada corrección política, se está intentando encastillar en sus propios límites aún a costa de romper la senda de prosperidad asociada a la mundialización. Será un encastillamiento híbrido, con contactos e intercambios con el otro gran y heterogéneo bloque, pero con fortalezas militares defendiendo sus fronteras y con controlado intercambio cultural.

Puede ocurrir que está nueva confrontación de bloques nos lleve a recuperar los genuinos valores característicos del humanismo occidental, aquellos que alumbraron a las prósperas democracias que consiguieron superar la secular pobreza de la humanidad. Sin embargo, esa recuperación, si se produce, requiere que las masas se alejen de los fantasiosos populismos. Un proceso que necesariamente requiere tiempo. De momento, me temo, nos esperan tiempos de melancolía, tiempos de pérdida, tiempos de reconocer que, aunque la realidad no nos guste no podemos escapar de ella.

 

martes, 12 de abril de 2022

Otro fenómeno argentino que nos interesa

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Otro fenómeno argentino que nos interesa

El año próximo hay elecciones presidenciales en Argentina. Todavía no hay candidatos oficiales, pero ya han comenzado los movimientos para participar en el juego. Además, con la que está cayendo desde la perspectiva económica, y con los rumores que arrecian sobre la mala relación con Cristina Kichner, no está del todo claro si el actual titular, Alberto Fernández, finalmente opte a la reelección.

De entre todos esos potenciales candidatos, sin duda, el que más llama la atención es Javier Milei, quien rompe de forma radical con los modos y maneras acostumbrados en el país hermano. Con una abundante cabellera desordenada, patillas al estilo Elvis y una chupa de cuero negro su aspecto es el de un roquero. Un “afuerino” que no ha recorrido la típica carrera política. Lo que le permite lanzar un contundente mensaje antistablishment vividor de lo público. En el polo opuesto a las cantinelas populistas victimistas y estatistas que, en realidad, lo único que pretenden es incorporar nuevos efectivos a esa casta, Milei predica un liberalismo casi libertario.

Su medida estrella es la clausura del Banco Central de la República Argentina, institución que responsabiliza de buena parte del muy deficiente desempeño económico nacional, motivado por la persistente y elevada inflación. Su propuesta es la dolarización, para evitar que los políticos en el gobierno continúen teniendo en su poder "la máquina de imprimir dinero". Una tentación demasiado grande para gobernantes de cualquier pelaje, pues siempre es más fácil darle al botón de "ON" que afrontar la realidad.

Milei, con sus bien argumentadas y apasionadas formas de expresar su liberalismo duro y contundente, es un viejo conocido de los argentinos por haber escrito libros y participado del show mediático, donde acostumbra a ilustrar sus puntos de vista con didácticas metáforas que transforman los sesudos argumentos académicos en lenguaje corriente.

Su salto a la política comenzó al presentarse a las primarias nacionales y quedando, nada más y nada menos, como tercera fuerza en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un resultado espectacular en un país que arrastra el pesado lastre de las trampas estatistas del peronismo desde hace ya muchas décadas. Lo más sorprendente es que lo consiguió declarándose un enamorado del capitalismo por ser una “auténtica máquina de reducir la pobreza”.

Cuando en sus apariciones grita ¡Viva la libertad, carajo!, consigue que sus seguidores, que cada vez son más, vibren y entren en éxtasis. Seguramente porque su mensaje es muy diferente al que están acostumbrados a escuchar. A diferencia del resto de políticos, él no ofrece más gasto público, o resolver los problemas de cada uno de los diferentes colectivos a los que se dirige, sino que les dice muy alto: “yo no me metí acá para guiar corderos, yo me metí acá para despertar leones”. Esta es su receta para volver a situar a la Argentina en los puestos más avanzados de la primera liga económica mundial.

Su apuesta es del tipo "o todo o nada'' ya que, si no alcanza los votos necesarios para hacerse con la más alta magistratura del país, no tendrá apenas capacidad de pactar con ningún otro grupo, pues cualquier asociación supondría rebajar su absoluto liberalismo.

Por su puesto, la prensa oficial y populista (también la española) lo intenta desprestigiar catalogando de extrema derecha. Algo que sólo denota el nerviosismo que está creando entre los que llevan años instalados en el pesebre público. Sin embargo, el propio economista liberal porteño apunta en sus intervenciones a que no le interesa el tradicional eje derecha-izquierda, sino que prefiere el del republicanismo cívico fundamentado en la libertad versus el populismo intervencionista, asfixiante y subsidiador.

En definitiva, a pesar de que ya Hayek apuntó que uno de los principales problemas del liberalismo es que el socialismo resulta más intuitivo a pesar de conducir al fracaso y la pobreza, Milei lo está predicando mediante la técnica de transformarlo en píldoras de indudable atractivo y buen sabor para un votante medio cansado de los discursos conocidos.

Como, al igual que el platense, una buena parte del electorado español está seducido por el populismo de tipo peronista, incluso a pesar de conocer sus reiterados fracasos, ahora tenemos la oportunidad de escuchar un nuevo y sencillo argumentario con propuestas que realmente que están en las antípodas de aquellas.

Por eso, los españoles, a pesar de disfrutar de la ventaja de pertenecer a la UE, haríamos bien en seguir a este sólido economista académico con pinta de estrella de rock. Siempre se ha dicho que Argentina es el único gran misterio que le queda por desvelar a la ciencia económica. Un país en que cada contienda electoral se convierte en un gran salto a lo desconocido. En ocasiones, sin embargo, de la mano de actores con capacidad de traspasar fronteras, montañas y mares. ¡El tiempo lo dirá!

 

martes, 5 de abril de 2022

Importancia del crecimiento económico

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Importancia del crecimiento económico

Con frecuencia se oye hablar sobre la necesidad de alcanzar el crecimiento económico, pero rara vez se explica el motivo. Cómo mucho se dice que es un equivalente del enriquecimiento, y por tanto, es el instrumento que permite generar más empleo y mejorar el nivel de vida.  Ahora bien, como ya tenemos unos estándares elevados no son pocos los que consideran que ya es hora de echar el freno en aras a conseguir otro tipo de sociedad. Además, el crecimiento implica cambios y por tanto también riesgos, pero nuestras sociedades más envejecidas refractarias a todo esto.

Veamos, la humanidad no abandonó su estado de miseria hasta que, hacia finales del siglo XVIII, comienza una etapa de crecimiento. Adam Smith y otros pensadores de aquel tiempo son relevantes, precisamente por señalar que, no tan solo es posible escapar de la pobreza, sino que además es bueno hacerlo.

Como las sociedades siempre se organizan en torno a una idea moral, mientras no hubo crecimiento económico, los filósofos exaltaron de una u otra forma las bondades morales de la pobreza, exacerbando los peligros de la búsqueda del enriquecimiento personal. Platón, Aristóteles, cínicos, epicúreos, estoicos y cristianos recelaron de todas aquellas prácticas que alejaran a las gentes de la miseria. Incluso llegaron a crear instrumentos mentales, como el de la idea del “precio justo” o la condena del cobro de intereses, que califican de usura, para mantener ese estado de pobreza. Una pobreza que, como señalamos, se consideró moralmente superior.

Sólo cuando, poco a poco, se comienza a romper con la idea de la superioridad moral de la pobreza y del statu quo que comporta (“es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”) se inicia el despegue, de forma lenta en sus inicios para acelerarse después, que nos conduce al mundo actual.

Es el fenómeno del crecimiento económico el que nos ha traído un mundo con menos males, ya sean estos hambrunas, enfermedades o crímenes, al tiempo que nos ha permitido rodearnos de prodigios materiales, como la abundancia de luz artificial, de agua caliente al instante, u otros que hacen nuestro paso por el mundo mucho más agradable.

Sin embargo, hay un bien que está asociado al crecimiento económico en el que no se suele pensar: la paz y la armonía social. Cuando se produce el crecimiento económico todos los grupos sociales, o todas las personas, pueden aspirar a mejorar su posición sin que para ello ningún otro tenga que empeorar la suya. Siempre aparecen nuevas oportunidades. De esta forma, la concordia y el entendimiento entre los diferentes es muchísimo más fácil, por lo que lo normal es que reine la paz y la armonía expuesta en la famosa parábola de la "mano invisible".

Sin embargo, cuando el crecimiento no se produce, la economía se torna un juego de suma cero, en el cual para que alguien pueda mejorar su posición es necesario que otro empeore la suya. Una situación perversa donde las haya, pues inevitablemente hace aparecer el conflicto (de clases o de cualquier otro tipo), al haber siempre personas, o grupos, que verán en el hundimiento de otros su única posibilidad de mejora.

Dicho en otras palabras, los sectores que denuestan el crecimiento económico porque consideran que ya se ha alcanzado un nivel de riqueza suficiente, no están teniendo en consideración la importancia inmaterial del fenómeno. De hecho, suelen vincularlo al consumo de recursos materiales limitados, sin considerar que estos lo son, única y exclusivamente, por la acumulación inmaterial de conocimiento humano, un recurso económico hasta ahora inagotable.

Por todo ello, me atrevo a predecir que, si llega a triunfar la idea de la superioridad moral del crecimiento cero, se inaugurará una nueva época de conflictos de todo tipo, incluidos, por supuesto, también los bélicos.

martes, 29 de marzo de 2022

Manifestaciones, paros y huelgas

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 Manifestaciones, paros y huelgas

Las manifestaciones, los paros y las huelgas llevados a cabo por los transportistas parece que han cogido desprevenido al gobierno y también a su potente aparato propagandístico. De manera que han ensayado todo tipo de argucias para combatirlas, desde acusar a los líderes de ultraderecha, de estar al servicio de Putin, de ofrecerles una cantidad de dinero, para doblarla al cabo de unas horas, fijar precios máximos, prohibir despidos, etc.

Trabajar a pérdidas sin poder hacer frente a los gastos familiares no es un plato de gusto. Y sin embargo, es algo que puede suceder en muchos sectores como consecuencia del mal de la inflación, puesto que no todos los precios pueden evolucionar de la misma manera. Es decir, subir precios en determinados sectores puede resultar fácil, mientras que en otros puede ser casi imposible. Además, la reacción del público no siempre es igual, así, por ejemplo, como la energía es un bien fundamental si los precios suben la demanda apenas varía, mientras que si sube el precio de determinados alimentos, como siempre existe la posibilidad de adquirir otros se pueden perder muchos potenciales compradores.

Es lo que tiene la inflación, que destroza el buen funcionamiento del, casí milagroso, sistema de precios. Efectivamente, el sistema de precios libres, con una moneda de valor estable, es verdaderamente mágico al permitir coordinar la acción de miles acciones humanas para que todos podamos tener lo necesario. Los precios son como señales de tráfico que indican que es lo que que la gente quiere y, también, cual es la mejor forma de producirlo para ofrecerlo.

Como afirma Milton Friedman en un breve video que cada año muestro a mis alumnos: “Nadie puede fabricar un simple lápiz”, pues sus componentes (madera de Washington cortada con sierra japonesa de acero coreano, grafito de Sudamérica, goma de borrar seguramente elaborada en la Federación de Malasia que tiempo atrás se dedicó a importar caucho, pintura, pegamento, metal, etc., etc.). Si, para fabricar un simple lápiz hacen falta miles de personas trabajando en muchos lugares diferentes del planeta, sin importar que idioma hablan, la religión que profesan, o cuál es su orientación política. Pues para colaborar lo único que necesitan conocer es el incentivo proporcionado por los precios de los materiales y servicios que requieren, cada uno de ellos, para ofrecer al público un lápiz de un tercio de dólar o euro.

Pues bien, con la inflación los precios dejan de emitir sus benéficas informaciones dificultando, o incluso impidiendo, la coordinación de la labor productiva. Así, la economía productiva cooperativa se acaba sustituyendo por una lucha en la que los colectivos que recompensa solo a los más fuertes o con mayor capacidad de presión con independencia del auténtico valor social de su trabajo.

Transformar la cooperación propia del mercado libre en una lucha entre sectores puede dañar, por lo argumentado, la convivencia social. Algo que se puede agravar si se cede a la tentación populista de los precios máximos. De hecho, no sólo han caído gobiernos e incluso regímenes por el mal de la inflación, sino también imperios.

En las movilizaciones de estos días de los transportistas la última maniobra del Gobierno parece que es crear la confusión necesaria a través de supuestos acuerdos con plataformas y sindicatos afines para difundirlos por sus canales de televisión y otros medios. De nada les servirá, una vez roto el sistema de precios resulta difícil recomponerlo. Con el índice de inflación en ascenso, y con un gobierno que se jacta de incrementar el gasto público por una cuestión meramente ideológica, desgraciadamente asistiremos a más manifestaciones, paros y huelgas.

Las monedas estables siempre han sido testigo silencioso de los momentos más prósperos y brillantes de la humanidad. Por eso, lo que se debería hacer es volver a la senda del Euro de Maastricht, aunque sea un camino difícil e inicialmente sacrificado.


viernes, 25 de marzo de 2022

Inflación: Baleares vs Madrid

Cómo acabar con el atropello de las tarifas de luz y gas

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Cómo acabar con el atropello de las tarifas de luz y gas

El consumidor desconoce que hay un mercado regulado y otro libre, el primero más barato en gas y más caro en luz, y que puede cambiarse cuando quiera

martes, 22 de marzo de 2022

Impuestos caídos del cielo

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Impuestos caídos del cielo

La inflación es un fenómeno monetario que se produce cuando se “imprime” demasiado dinero por parte de los bancos centrales. Lo que ocurre cuando el gobierno ha agotado otras fuentes de financiación. Esto, a su vez, provoca efectos redistributivos que tienen siempre al propio gobierno como principal beneficiario. De hecho, en una economía de trueque no se puede producir inflación.

Uno de esos efectos podría denominarse “impuestos caídos del cielo”, pues al incrementarse los precios -y las rentas en segunda ronda- los impuestos se incrementan, tanto si éstos se expresan como porcentajes sobre la base, como sobre todo si lo hacen con escalas progresivas. Es decir, que la inflación supone un, todavía, mayor sangrado del sufrido contribuyente.

Feijóo, como flamante jefe de la oposición in péctore, ha dicho que “el gobierno se está forrando con las subidas de precios de la luz y las gasolinas”. Y la verdad es que tiene razón, si con ello quiere decir en lenguaje mitinero, que el gobierno es el beneficiario del proceso inflacionista. Acto seguido, el experimentado líder, añadió que “no se puede pedir a los españoles que no caliénten sus casas sin antes bajar los impuestos que rondan la mitad de la factura energética”. Nuevamente tiene razón al considerar que los tributos, al ser el principal gasto de cualquier familia, son los principales causantes de las dificultades que estas tienen, no sólo para prosperar, sino incluso para mantenerse en las clases medias.

Sin embargo, lo que no dijo el gallego es que para que esa reducción tributaria sea eficaz para aliviar las pesadas cargas familiares tiene que estar acompañada de una reducción del gasto público. Efectivamente, una reducción de los ingresos manteniendo el gasto supone mantener la necesidad de emitir más deuda. Deuda que como ya nadie la quiere comprar sólo la adquirirá el BCE mediante la “impresión” de más billetes y, por tanto, acelerando el proceso inflacionista.

Y es que, en última instancia, el verdadero responsable de la destructiva inflación es el exceso de gasto gubernamental. Un exceso de gasto que tiene, en buena parte, su origen en unas campañas electorales convertidas en una especie de subasta en la que, a cambio de los votos, se ofrece más gasto.

Así que llegados a este punto se puede observar como el problema de la inflación es mucho más profundo y difícil de abordar de lo que se nos dice. Pues, por un lado, Sánchez con sus correligionarios autonómicos, incluida la presidenta Armengol, y sus extremistas socios han hecho bandera de la gestión pública derrochadora, prometiendo más gasto a diestro y siniestro como si el mañana no existiera.

Pero, así y todo, estamos viendo cómo incluso desde la oposición resulta extremadamente difícil decir la verdad, es decir, que ni el Estado, ni el gobierno, lo puede todo, sino que la economía tiene sus propias reglas de funcionamiento. ¡Prometer y gastar lo que no se tiene es destructivo, pero también y sobre todo inmoral!!

Estamos sentados sobre un volcán, pues si la actual dinámica gubernamental continúa seguiremos deslizándonos por la pendiente económica y social; mientras que un hipotético nuevo gobierno, que quiera poner remedio a esta indeseable situación, se encontrará con un estallido social, al continuar creyendo una mayoría de electores que el gobierno lo puede todo.

Así que, por el bien de todos, es mejor que los políticos con aspiraciones comiencen a tratar a sus electores como adultos capaces de afrontar los tiempos difíciles que se avecinan.

martes, 15 de marzo de 2022

"4.000 años de controles de precios y salarios"

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“4.000 años de controles de precios y salarios”

“4.000 años de controles de precios y salarios” es el título de un libro de finales de los años setenta reeditado en 2020, Prologado en esta ocasión por el libertario argentino Javier Milei. En él sus autores Robert L. Schuettinger y Eamonn F. Butler hacen un repaso a cómo, una y otra vez, los gobiernos han recurrido a la inflación -esto es a la degradación del dinero- para financiarse. Para después, en un ejercicio de puro cinismo, demostrar que combaten el empobrecimiento de la población mediante el anuncio de políticas de control de precios o, como se denominaron más recientemente, políticas de rentas.

Se trata de una obra que no debería faltar en la biblioteca de ninguna facultad de economía, pues los fracasos narrados en la aplicación de tales políticas alcanzan el cien por cien. De manera que, aunque quizás los autores hayan dejado en el tintero alguna historia concreta, es más que dudoso que ahora esa política pueda funcionar.

De hecho, las fases por las que pasa el proceso inflacionario, y cómo lo abordan los gobiernos, se repiten con una cadencia y constancia digna de constituir una ley física. El dinero pierde valor y se degrada cuando se “imprime” a un ritmo superior al de la producción de bienes y servicios. Lo cual ocurre normalmente cuando los gobiernos se ven incapaces de financiarse por sus ingresos tributarios o, por los mercados ordinarios de crédito.

Tan pronto comienzan a producirse las alzas de los precios los portavoces gubernativos, y sus terminales mediáticas, lanzan el mensaje de que se trata de un fenómeno pasajero y que todo está bajo control. Luego cuando se hace evidente que el fenómeno persiste, desde los ministerios de economía, se intenta evitar la propia responsabilidad culpando a algún agente externo, como puede ser un dirigente extranjero sátrapa, a los especuladores, los capitalistas buitre o rata, a la oposición por una política anterior, o a cualquiera que el partido que el gobierno haya señalado como “enemigo peligroso”.

Y, ¡Atención, ahora viene la fase más peligrosa de todas! Cuando las protestas sociales comienzan, los gobiernos y funcionarios públicos lanzan la idea de que la inflación se puede atajar mediante el establecimiento de un sistema de control de precios y salarios de tipo obligatorio o voluntario. Esta fase es especialmente maligna porque si la inflación, por sí misma, ya daña el sistema de transmisión de información económica relevante que suponen los precios, someternos además a cualquier tipo de corsé supone su muerte definitiva. Por ejemplo, cuando uno de los últimos gobiernos de Franco topó el precio de los hidrocarburos durante los inicios de la inflación de los años setenta, lo único que consiguió es que se siguieran consumiendo derivados del petróleo a un ritmo creciente, agravando la situación económica y social al retrasar la inevitable reconversión energética e industrial.

Ciertamente, ahora el país necesita que sus estudiantes de economía conozcan los mecanismos que producen los desastrosos procesos inflacionarios, sin aceptar las simplonas explicaciones gubernamentales. Pues los gobiernos, como parte implicada, tienen sus propios intereses que no tienen por qué coincidir con los de la población en general a menos que ésta esté correctamente informada y formada.

Por otro lado, el prologuista Javier Milei es el auténtico nuevo fenómeno argentino, al saltar de las aulas y los platos de radio y televisión al primer plano de la política de la nación hermana. Predicando un rabioso liberalismo, magníficamente argumentado académicamente, aunque utilizando un lenguaje propio de las campañas electorales. Lo hace con tal éxito que está poniendo en dificultades la supremacía cultural del populismo peronista que ha lastrado durante décadas al país de la plata. Sin duda, su destino es la Casa Rosada.

Por todo ello, no pierdan tiempo y corran a la librería más cercana a adquirir esta monumental obra.

 

martes, 8 de marzo de 2022

Programa electoral: derogar leyes

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Programa electoral: derogar leyes

Si en la próxima campaña alguna oferta electoral puede resultarme auténticamente atractiva y movilizadora, será aquella que proponga la derogación de leyes, decretos y otras normas. Si, si, aquella propuesta que, en vez de prometer más legislación, prometa no sólo moderar su producción, sino suprimir parte de la actualmente están en vigor.

Desde siempre he sido partidario de que los períodos ordinarios de sesiones parlamentarias no fuesen demasiado prolongados, por lo que, me parece estupendo que sus señorías tengan muchos meses de “vacaciones”. También soy firmemente partidario de la existencia del Senado como cámara de segunda lectura. Pues, pienso que tiene el impagable papel de alargar el proceso legislativo, evitando así que se puedan promulgar más leyes por unidad de tiempo. Dicho de otra forma, no quiero ni pensar cuantas más leyes tendríamos si suprimimos, como muchos insensatos solicitan, la cámara alta a la que consideran inútil.

¡Ya ven! Me apunto al grupo de los que sostienen que uno de los grandes problemas de nuestra democracia es la enorme producción legislativa, que poco a poco, ha ido creando un ambiente de galimatías en donde todo está regulado, y por eso mismo, tan burocratizado que hasta a los mismísimos burócratas les resulta difícil saber lo que está permitido y lo que no lo está. Es decir, que el mal de la inseguridad jurídica, del que con frecuencia hablan los economistas, no sólo obedece a la existencia de leyes cambiantes y a veces incluso contradictorias, sino, sobre todo, a su gran abundancia. Con la indeseable consecuencia de paralizar proyectos empresariales, y vitales de todo tipo.

Tomemos como unidad de medida la última ley balear sobre educación. Ciento treinta páginas con 166 artículos que regulan un montón de cosas que no hace ninguna falta regular, tal como brillantemente ha señalado Joan Font. Pues bien, se calcula que en España hay unas cien mil leyes en vigor (aunque la cifra varía según la fuente consultada), de las cuales unas sesenta y siete mil son de carácter autonómico. Así que, haciendo una sencilla multiplicación, se puede concluir que se han necesitado unos trece millones de folios para escribirlas. Apilados uno encima de otro, y estableciendo la relación de un centímetro cada 100 páginas, ese montón de leyes alcanzaría casi una altura similar, nada más y nada menos, que al imponente Massanella.

El Parlament Balear -¡Gracias a Dios!- no es de los más productivos. No obstante, si suponemos una producción media neta de quince leyes o normas al año, durante casi cuatro décadas de existencia, tendremos que se sobrepasa, con creces, las quinientas normas.

De esta forma, no nos tiene que extrañar que uno de los últimos inventos de la parte izquierda del espectro político haya sido el proclamar que “Lo personal es político”. ¡Oh no! Han encontrado un nuevo terreno virgen sobre el que volcar nueva legislación, aunque sea a costa de restringir hasta la mínima expresión el campo de la libertad personal multiplicando el número de neo inquisidores que castigan cualquier comportamiento, ingesta alimentaria o palabra políticamente incorrecta.

Por todo ello, sin duda, sería un avance reducir no sólo la producción legislativa, sino también su stock, incluso aunque para ello haya que pagar. Así, por ejemplo, quizás sería interesante contar con un Senado Balear en donde emplear a políticos prejubilados o expolíticos que, de esta forma, no tendrían que ocupar cargos en organismos públicos que, en ocasiones, se han creado con la misma finalidad. Si esta nueva segunda cámara redujese, pongamos a la mitad, el número de normas aprobadas nos saldría barata.

En definitiva, si hasta ahora las campañas electorales han consistido en una subasta para aumentar el tamaño del estado, voy a confiar esperanzado en que llegue un día en que se conviertan en una subasta sobre la reducción legislativa.

martes, 1 de marzo de 2022

El rostro del totalitarismo

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El rostro del totalitarismo

Parecía que no podía ser verdad, parecía que las guerras de Yugoslavia - de las que todos nos deberíamos sentir avergonzados- eran las últimas y definitivas que habíamos vivido en Europa. Aquí vivimos bien, nos duchamos cada día con agua caliente, y nuestra principal preocupación colectiva parece que es ser eco-friendly y resilientes. ¡Nos equivocábamos! El rostro del totalitarismo ha vuelto a asomar, y lo ha vuelto a hacer, en buena medida, por lo débiles que nos ha encontrado tanto desde un punto de vista militar como, sobre todo, mental y moral.

Occidente no supo tener una respuesta propia y acorde con sus principios fundamentales ante el virus SARS-CoV2, prefirió copiar a las fórmulas totalitarias de la emergente potencia asiática, aplicando todo tipo de restricciones a la libertad individual, imposibilitando el debate para facilitar únicamente la difusión de la verdad oficial. Algunos gobiernos, como el nuestro, incluso se saltaron la propia Constitución con la incomprensible ayuda de una parte de la oposición.

Luego vino la desbandada en Afganistán. Los señores de la guerra mostraron al mundo entero que el matonismo, la violencia y las ideas más irracionales pueden imponerse sin que a nadie en Occidente le importe demasiado. Tras la precipitada y caótica huida, los periodistas e informadores desaparecen de la región. Así que ¡Qué importa!

En el barrio de los restaurantes y cafés de moda de Belgrado el arte callejero se convierte en una oda a los criminales de la última guerra nacionalista, con la aquiescencia de las autoridades serbias. Incluso el Partido Radical Serbio coquetea con otorgar el indulto a esos mismos criminales. El ultranacionalismo amenaza la seguridad de Bosnia-Herzegovina, haciendo la vida muy difícil a sus gentes. Por supuesto, todo esto no es una noticia que merezca más allá de un pequeño espacio en los medios de comunicación españoles, con frecuencia al servicio de un gobierno aliado de los nacionalismos locales.

Efectivamente, también tenemos nuestros propios demonios, y muchos de ellos tienen abogados defensores en las más altas esferas gubernativas. Esa es nuestra mayor debilidad. En las democracias occidentales ha surgido una nueva clase social: la de los políticos-burócratas capaces utilizar los resortes del poder en beneficio propio, predicando igualdad y corrección política.

Pero, en cualquier caso, Occidente no es solo un concepto demográfico, sino un sistema de valores, una cultura que tiene que ser preservada para que sus logros puedan pasar de una generación a otra. Occidente es, sobre todo, principios universales, es el racionalismo crítico y el humanismo, es la defensa de los derechos y libertades individuales, el equilibrio democrático de la división de poderes y la libre economía de mercado.

Por ello, a pesar de que ahora ya se anuncian incrementos presupuestarios en materia de defensa por parte de algunos países de nuestro entorno, si continuamos aceptando que las leyes educativas que pongan más énfasis en tergiversar la historia en defensa de los nacionalismos locales, o en el anticapitalismo simplón de salón, o en el feminismo de buenas y malos, en vez de en el conocimiento riguroso que alimenta los auténticos debates que hacen avanzar a las personas y a la sociedad, el enorme coste que pagaremos por esta guerra de poder, pero también de filosofía social, no habrá servido de mucho.

No se trata sólo de una asignatura pendiente española. Si Hollywood ya no realiza los grandes estrenos de antaño, en parte es por miedo a incluir en sus películas pasajes políticamente incorrectos que pueden tener graves consecuencias para sus productores y creativos. Así, no nos debe extrañar que en los jóvenes actuales conozcan los detalles de algunas de las crisis económicas norteamericanas o europeas y, sin embargo, desconozcan por completo el Holodomor o la Revolución Cultural.

Hace tiempo que Occidente necesita un rearme cultural, que reconozca su verdadera historia, con sus indiscutibles logros y, por supuesto, también con sus sombras, desde la objetividad que nos permite poder contraponerlos con enorme ventaja a otras alternativas.  Si no lo hacemos, el rostro del totalitarismo puede estar cada vez más cerca.

martes, 22 de febrero de 2022

La mochila austríaca, otra oportunidad perdida

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La mochila austríaca, otra oportunidad perdida.

Con los fondos europeos y la reforma laboral se ha perdido una magnífica ocasión de implementar la “mochila austríaca” en nuestro país. Una fórmula que permitiría reducir en gran medida la injusta e ineficiente dualidad de nuestro mercado de trabajo.

Con nuestra legislación, los costes del desempleo recaen principalmente sobre las empresas que reducen sus puestos de trabajo vía indemnización por despido, con guarismos más elevados que las prestaciones estatales. Así, la dualidad se produce porque junto a esos trabajadores que tienen derecho a la indemnización hay otros que no lo tienen, Lo que genera, además de una situación de desigualdad flagrante, una enorme ineficiencia que se traduce en elevadísimas tasas de paro por el gran desincentivo a contratar con trabajadores indefinidos, teniendo la posibilidad de hacerlo con temporales.

La modalidad laboral austriaca supone sustituir las indemnizaciones por despido en función de la antigüedad por una retribución de un complemento salarial, a cada trabajador, para la constitución de una mochila o fondo. Por ejemplo, un empleado que ganase 2.000 euros mensuales, recibiría 200 euros adicionales cada mes como aportación a la mochila. Ese fondo solo se podría rescatar, o bien en caso de despido, o bien en caso de jubilación, de forma que la dualidad desaparece con todos sus problemas.

La mochila resuelve, por ejemplo, el dilema, que puede experimentar un trabajador de 59 años con una dilatada trayectoria de ingeniero de telecomunicaciones en una empresa de alta tecnología, si le ofrecen, en otra empresa, un puesto más atractivo, mejor retribuido y con mejores condiciones laborales. Si lo acepta perdería su derecho a la indemnización por despido, si se queda dónde está lo conserva. Ahora bien, si le pueden ofrecer mejores condiciones es porque sus servicios son más productivos en el nuevo empleo, de manera que quedarse en donde está significa no aprovechar todas sus potencialidades.

Pues bien, con la mochila austríaca ese trabajador podría cambiar de empresa sin perder ningún derecho, contribuyendo a mejorar, no sólo su situación, sino también la del conjunto de la sociedad.

Además, la mochila supone que deja de producirse un salto al transcurrir un periodo determinado del contrato laboral desde una situación de eventual a otra de fijo, pues se va afianzando la relación con el empleador día a día.

Entonces, ¿Por qué no se implementa en España esta modalidad laboral? Pues sencillamente, por sus costes transitorios. Pues, efectivamente, hasta su total implantación convivirán indemnizaciones por despido y con la dotación al fondo, lo que es un sobrecoste para las empresas, aunque a largo plazo sea un ahorro.

Álvaro Nadal, que ejercía de economista de la Moncloa cuando la reforma laboral del 2012, cuenta que ese fue el motivo de no haber incluido la fórmula de la mochila.  Es por ello que, ahora se tendría que haber aprovechado la llegada de los fondos europeos para implementarla, incrementando los derechos de los trabajadores al tiempo que otorgando más eficacia a los recursos humanos. Y recordemos que más eficacia, en este capítulo, significa menos desempleo y mejores salarios.

La oportunidad perdida nos condena a que el gran mal de males de nuestro país, el desempleo, continúe mostrando datos que no son para estar orgullosos, partiendo en dos al conjunto de los trabajadores: los de contratos estables y los otros precarios obligados a realizar ocasionales visitas a las oficinas del Sepe.

Si a todo esto añadimos que la reformita de Yolanda Díaz, incluye la vuelta a dar prioridad a los convenios sectoriales sobre los de empresa, devolviendo la ultra actividad de los mismos, con la finalidad de volver a potenciar a los sindicatos afines. Se está contribuyendo a poner barreras de entrada a nuevos competidores tanto empresariales como laborales, dirigiendo la economía nacional hacia un nuevo y enquistado statu quo, que potencia la inflación.

Quizás sea que al populismo de Pedro Sánchez le cuesta abandonar la concepción gremial de la economía, y el viejo sistema vertical corporativista del que tanto presumía el franquismo.

 

martes, 15 de febrero de 2022

¿Cuántas personas han muerto realmente por el COVIB?

¿Cuántas personas han muerto realmente por el COVID?

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El pasado 31 de enero el presidente de Canarias Ángel Víctor Torres se quejó de la existencia de importantes diferencias, entre comunidades autónomas, en la forma de contabilizar los fallecidos a causa del COVID. Además, pidió que el Consejo Interterritorial de Salud evite la confusión entre los óbitos producidos por la pandemia de aquellos que se producen por otros motivos, aunque con una PCR positiva.

Lo hacía con el habitual tono victimista de los Presidentes regionales cuando consideran que los datos no les son favorables. Cierto que, al ser del PSOE, se mostró disciplinadamente respetuoso con las decisiones tomadas por el gobierno actual nacional.

En cualquier caso, a raíz de esas declaraciones, el doctor José Miguel Gaona, en su programa “La Reunión Secreta” emitido en directo el pasado viernes 11 a través de su canal de YouTube, buceó en las páginas web de las diferentes consejerias de sanidad comprobando, que efectivamente, las formas de contabilizar las muertes causadas por el maldito bicho difieren mucho y tienden a la confusión apuntada por el canario.

Hasta tal punto existen 17 formas de tratar el tema que incluso, en algunos casos, se toman como referencia las esquelas publicadas en los medios de comunicación e Internet, o en otros una PCR positiva realizada con seis meses de anterioridad al deceso es suficiente para poder considerarse “muerto por COVID”, aunque el deceso se haya producido por un accidente de tráfico. En algunas otras ese período se reduce misteriosamente a la mitad. También las hay que advierten que el número de fallecidos por esta causa puede ser superior al de PCR efectuadas. En Baleares admiten que no pueden asegurar la bondad de los datos publicados.

Sin duda, se trata de una disfunción de la máxima relevancia porque en base a esos datos las autoridades han tomado graves medidas restrictivas de los derechos y libertades de las personas, con indeseables consecuencias, no sólo para la economía, sino también para la salud de todos aquellos que están afectados por otras enfermedades.

¿Existe algún interés en elevar las cifras de fallecidos por la pandemia?, ¿Cómo es que no se han establecido protocolos que permitan una mejor calidad de datos tan importantes?, ¿Es pura ineficiencia administrativa? Son preguntas que se suman a otras anteriores como ¿Qué fue lo que llevó al Gobierno de España, seguido por una parte de la oposición, a tomar medidas anticonstitucionales?, ¿Por qué se gestionó al estilo chino y no al occidental?, ¿Por qué algunos gobiernos autonómicos, como el Balear, tomaron medidas posteriormente fueron revocadas por los tribunales?

Ahora que parece que la enfermedad remite, es el momento de mirar hacia atrás con calma y perspectiva para analizar todas estas cuestiones, que han demostrado que, ante una pandemia tan importante tan como el desarrollo de la mismísima ciencia médica, lo es el de la solvencia de las instituciones sociales.

En cualquier caso, como probablemente, esa mirada hacia atrás no se hará de forma objetiva ni desde esas mismas instituciones oficiales, ni tampoco desde los grandes medios de comunicación a su servicio a pesar de que la verdad siempre interesa, les aconsejo visionar el programa del doctor Gaona que está disponible en YouTube bajo el título “La gran mentira de COVID”.

 

martes, 8 de febrero de 2022

El nuevo modelo de financiación: Ayuso gana.

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Nuevo modelo de financiación: Ayuso gana.

El nacionalismo es el principal responsable del actual modelo de financiación autonómica, configurado en sucesivas rondas. Pues el sistema político-electoral español otorga mayor poder de negociación a los partidos bisagra, un hecho que los nacionalistas nunca han desaprovechado. Así, que a pesar de que se rasgan las vestiduras cada cierto tiempo, ellos son los principales artífices del actual sistema.

La característica principal del mismo es el intento de diluir la responsabilidad fiscal de los gobiernos autonómicos compartiendo los grandes impuestos (como IRPF e IVA) con el gobierno central. Este tipo de tributos tienen dos tramos uno por cada una de las dos administraciones. De forma que al ciudadano corriente le resulta difícil identificar quien es responsable de lo que tiene que pagar. De hecho, el público piensa exclusivamente en el gobierno central cuando los paga a pesar de la gran capacidad legislativa de los ejecutivos regionales en el caso del impuesto sobre la renta.

Así mismo, el sistema también contempla algunos tributos, de menor potencia recaudatoria, totalmente cedidos como competencia exclusiva a las comunidades. Estos sí que están identificados, por los electores, con la política autonómica, permitiendo así visualizar y diferenciar de forma diáfana el tipo de política fiscal de cada comunidad. Pues bien, los nacionalistas, en contra de lo inicialmente se podría pensar, también quieren que estos tributos se compartan, a partir del nuevo modelo, entre ambas administraciones de forma similar a lo que ocurre con los de mayor potencia. Es decir, incoherentemente quieren renunciar al autogobierno en aras a una mayor recentralización.

Así, por ejemplo, quieren que el impuesto de patrimonio sea dual en todo España, es decir, que se establezca un tipo estatal y otro autonómico, para garantizar que se recauda por Hacienda, aunque la parte regional pueda estar bonificada en algunas regiones, como es el caso de Madrid. La misma configuración demandan para el impuesto de sucesiones y donaciones, con lo que Baleares también perderá.

En realidad, tratan de embarrar el terreno de juego, tal como ocurre con el IRPF e IVA, diluyendo la responsabilidad de pasar la factura a los ciudadanos. Es decir, se trata de evadir la rendición de cuentas electoral, de forma que se puede continuar utilizando el gasto público como gasto político.

Para más inri, los nacionalistas también quieren crear toda una nueva colección de tributos que llamarán “verdes” para facilitar su aceptación por parte del público, que todas las autonomías tendrán que implementar obligatoriamente bajo amenazas de sanción.

En definitiva, en aras a aumentar su poder, quieren crear, y probablemente lo conseguirán, un modelo de financiación autonómica populista de graves consecuencias para el conjunto del país, al crear una tendencia al desequilibrio presupuestario, que tarde o temprano se traduce en incrementos tributarios y, por tanto, en mayores dificultades para la competitividad empresarial, el crecimiento económico y la propia vida del día a día.

Ahora bien, a pesar de que con toda seguridad el nuevo modelo que vea la luz sea ese homogéneo y extractivo (armonizado lo llamarán) de los nacionalistas, lo mejor del Estado de las Autonomías es que permite comparar distintas formas de regir los asuntos públicos. Por lo que los electores ya saben que hay formas distintas de hacer las cosas en materia fiscal. La joven presidenta de Madrid ya ha mostrado un camino diferente y enormemente atractivo, cuando el principal gasto, con diferencia, al que hace frente una familia cualquiera es el tributario. Así, aunque pierda en la votación correspondiente en el Congreso, Ayuso gana.

 

 

martes, 1 de febrero de 2022

Los empleados del BCE y la inflación

 mallorcadiario.com

Los empleados del BCE y la inflación

Ben Bernanke, el todopoderoso gobernador de la Reserva Federal durante la Gran Recesión, defensor del “helicóptero del dinero”, sostenía que la política monetaria es en un 98% comunicación y, en un 2% acción. Ciertamente, la economía nunca ha sido únicamente técnica, tal como demostró Mario Draghi ante la incomparecencia de los principales líderes de las instituciones europeas.

Pues bien, quizás ahora el Banco Central Europeo opere en una realidad muy distinta, o quizás la ausencia de comunicación sea una forma de comunicación. A finales de noviembre pasado, mientras la presidenta Christine Lagarde se desgañitaba defendiendo que la inflación de la eurozona era meramente “transitoria”; los empleados de la institución reivindicaban incrementos salariales que evitasen la pérdida, de en torno al 6%, del poder adquisitivo consecuencia del aumento de los precios en la Eurozona, rechazando la subida del 1,3% pactada. ¡No son unos trabajadores cualquiera, son los trabajadores del BCE!

Sin duda, se trata de una noticia de la mayor relevancia, mucho más que la última subida del precio de la electricidad. Una contradicción de tal magnitud entre la dirección política del BCE y sus empleados, mayoritariamente altamente cualificados, resulta de gran interés para el conjunto de la población. Sin embargo, apenas la recogieron algunos diarios especializados hace un par de meses. Y, desde entonces, no hemos vuelto a tener información sobre cómo se ha resuelto la disputa. Una vez más, planea la sensación de que los grandes medios de comunicación no están cumpliendo el papel que se espera de ellos. ¡Dime quién te financia y sabré qué línea editorial sigues!

Volviendo al tema, Jerome Powell, a diferencia de su homóloga europea, ya ha anunciado subidas de tipos para neutralizar el enorme poder destructivo de una potencial inflación estructural. Por su parte, Draghi sostenía, cuando en 2015 ponía en marcha un potente programa de expansión monetaria, que esa política tenía que tener fecha de caducidad. Ahora, casi siete años después, De Guindos ha pedido a las empresas que no suban los salarios al ritmo de los precios, señalando que vincula una potencial alza de tipos, a las subidas salariales por encima del 3%, al objeto de evitar los efectos de las llamadas “segundas rondas” de escalada precios-salario.

Pero... ¿Qué ha pasado con las reivindicaciones de la Organización Internacional y Europea de Servicios Públicos, sindicato que defiende los intereses del personal del Banco Central Europeo?. No lo sabemos, sin embargo, dado el interés de la entidad monetaria central en la estabilidad de precios, la ausencia de noticias al respecto puede indicar que la institución puede estar dispuesta a atender las peticiones de sus trabajadores, haciendo caso omiso a sus propias recomendaciones.

A la falta de comunicación sobre este asunto, se une al trasiego de personas que pasan desde algún cargo político de gobierno a ocupar puestos directivos en el banco, o viceversa, lo que puede estar transmitiendo la idea de falta de neutralidad e independencia de la institución monetarias. Un peligro que ya vivimos, con dolor, hace cinco décadas.

En definitiva, si Ben Bernanke tiene razón, y no dudo que la tenga, el Banco Central Europeo desgraciadamente no parece estar siguiendo el mejor camino para librarnos del catastrófico mal de la inflación.