viernes, 27 de agosto de 2021
martes, 24 de agosto de 2021
Neocorporativismo
Neocorporativismo
En general todos tenemos dos papeles económicos relevantes y claramente diferenciados, el primero es como trabajadores o productores y el segundo como consumidores. Por el primero, deseamos una sociedad corporativista que nos proteja de la dura competencia que empuja a los costes y, por tanto, a los salarios a la baja; mientras que por el segundo deseamos una oferta muy competitiva que nos permita adquirir los productos y servicios que consumimos con la máxima calidad y a precios ajustados. Dicho en otras palabras, mientras que como productores deseamos restricciones a la competencia o, mejor aún, que nuestro puesto de trabajo se enmarque en un sector monopolístico; al mismo tiempo, como consumidores deseamos beneficiarnos de la máxima rivalidad empresarial.
En los sectores regulados con poder monopolístico apenas se produce ningún tipo de innovación, así que ese statu quo proporciona, a quien se gana la vida en él, una placentera sensación de seguridad. Un terreno conocido y seguro con unos ingresos estables y, posiblemente, elevados. Pero a la hora de comprar, independientemente de cuáles sean nuestras ocupaciones laborales, siempre preferimos adquirir productos novedosos fruto de la energía creativa puesta en no quedarse atrás con respecto a los competidores. en tensión de quien dedica sus energías productivas a un sector altamente competitivo.
Una vez explicado lo anterior, la pregunta es ¿Desde cual de nuestros dos papeles económicos decidimos nuestro voto?, ¿Votamos como consumidores demandando preservar o incrementar la competencia empresarial? o ¿Lo hacemos desde nuestra perspectiva de trabajadores deseosos de obtener los privilegios de la regulación? Se trata de una cuestión relevante, pues además de que la mitad de la economía de un país se inscribe en su sector público, la otra mitad se configura en función de las reglas del juego que marquen las leyes.
Pues bien, si consideramos que la forma de actuar de los partidos políticos consiste en identificar a grupos sociales con interés definidos con el fin de poderles ofrecerles “promesas electorales”, podemos concluir fácilmente que, como casi nadie se identifica como consumidor y si como perteneciente a un sector productivo, las ofertas políticas potenciarán el corporativismo. Lo que tendrá como consecuencia una regulación de la actividad económica que la conduzca a la rigidez y a la pérdida de competitividad.
Esta dinámica corporativista, en la actualidad, se está desarrollando en el contexto de la economía muy vinculada con el exterior a través de una compleja red de interrelaciones comerciales. Lo que se traduce en una pérdida de posiciones en los correspondientes rankings.
Sin embargo, lo más grave es que para estimular la actividad y recuperar posiciones los gobiernos en lugar de afrontar las necesarias reformas que eliminen o reduzcan el paralizante corporativismo, optan por regar con fondos públicos la economía. Con lo que el resultado puede, perfectamente, convertirse en un fuerte estímulo de las importaciones que dificulte aún más el despegue de la actividad. Los fondos se dedicarán preferentemente a adquirir bienes y servicios producidos de una forma más eficiente y, por tanto, en el extranjero.
En definitiva, cuando la dinámica política lleva a contentar a las personas por su vertiente productiva en vez de por su papel como consumidores se acrecienta un corporativismo que dificulta la actividad económica por la pérdida de productividad y competitividad que lleva asociada.
martes, 17 de agosto de 2021
La enseñanza de la economía y Sísifo
La enseñanza de la
economía y Sísifo
La ciencia económica surge con el Estado-Nación, como un intento de dar respuestas a preguntas tales como: ¿En qué consiste verdaderamente la riqueza y la prosperidad?, ¿Se puede aumentar?, entonces sí es así ¿Cómo se puede hacer?, ¿Cuáles son los principales errores de los gobernantes? o, en definitiva, intentaba responder a la fundamental pregunta ¿Cómo gobernar? Es decir, se conformó como una ciencia que estudia las potenciales respuestas de la sociedad a la acción política. Por ello, los primeros tratados sobre la materia solían utilizar títulos como: “Principios de Economía Política”, o simplemente “Economía Política”. Es decir, la economía llevaba el apellido “política''.
Inicialmente, la nueva ciencia dio respuestas de tipo nacionalista, por ser estas más primitivas, simples e intuitivas, adecuadas a las preferencias de los monarcas absolutistas de los modernos estados-nación. Sin embargo, con el paso del tiempo, a medida que se profundiza en el estudio de la disciplina y la sociedad avanzaba, ésta se transforma, paso a paso, en más liberal. Luego, a finales del siglo XVIII con la triple revolución industrial, americana y francesa pasa a ser completamente liberal. Fijándose, sobre todo, en cómo en ambientes de libertad individual, los incentivos que tienen las personas para mejorar sus vidas devienen en mejoras colectivas. O, dicho de otra forma, la sociedad de hombres libres es una sociedad armoniosa en donde los distintos intereses de cada persona, o clase social, lejos de ser incompatibles entre sí, contribuyen al progreso común.
A pesar de los furibundos ataques que esta forma de pensar recibió desde las potentes trincheras marxistas, su éxito fue de tal magnitud que llegó a aceptarse como la “corriente principal” predicada desde los más importantes centros de difusión. Sobre todo, desde algunas cátedras de la Universidad de Cambridge, la gran cuna de los hombres fuertes. Una obra cuyo protagonista principal fue Alfred Marshall, quien decidió eliminar la palabra "política" de su prestigioso e influyente manual que bautizó como “Principios de Economía”. Situando así a la economía en un plano científico superior al político.
Sin embargo, a pesar de ello, los ataques al liberalismo no cesaron, sino que mutaron. Así, en los años treinta del siglo XX, el intervencionismo gubernamental antiliberal, es decir, las ansias de poder de los gobernantes y adláteres, contribuyeron a encumbrar al mediático J. M. Keynes con toda su estela de seguidores autodenominados macroeconómistas. Quienes optaron, sucesivamente, por la construcción de modelos matemáticos cada vez más complejos. Con ellos quedaron expulsados del debate los no iniciados, al tiempo que se convertía a los economistas académicos en algo así como en los hermanos menores de los genuinos matemáticos abstractos.
De esta forma, mientras una parte importante de las personas interesadas en los asuntos colectivos desea conocer los principios del pensamiento económico, con frecuencia, éste ha devenido en tan indescifrable que incluso son muchos los estudiantes universitarios de economía a los que les cuesta establecer el vínculo de sus carreras con la realidad. ¡Una auténtica lástima! De hecho, ahora es la sociedad entera la que está deseosa de conocer las respuestas que da la economía a muchas de sus cuestiones políticas del día a día. Pero como el mundo académico es incapaz de ofrecerlas, reaparecen charlatanes y embaucadores de todo pelaje que se enredan en discusiones que la ciencia zanjó hace mucho tiempo.
Por ello, desde hace tiempo sostengo, junto a las corrientes de pensamiento más genuinamente liberal, que la economía, o al menos una parte de ella, debería recuperar el apellido “política”. Quizás así dejaríamos de padecer el suplicio de Sísifo de tener que argumentar en contra de propuestas que han fallado una y otra vez a lo largo del tiempo, como es el caso de la constitución de empresas públicas de bienes básicos o el control de precios.
martes, 10 de agosto de 2021
Poder, Franco y la izquierda
Poder,
Franco y la izquierda.
El régimen nacionalista de Franco en materia económica estuvo orientado a organizar un enorme sector público que contemplaba ferrocarriles, minas, telecomunicaciones, distribución de petróleos y energía, transporte marítimo, aéreo y por carretera, además de varios sectores industriales relevantes. De hecho, para impulsar la industrialización en 1941 creó el Instituto Nacional de Industria que construyó, de forma directa, fábricas de aluminio, de nitrato, de camiones, de automóviles, grandes siderurgias, astilleros, refinerías, etc.
Controló, y limitó, los precios de muchos bienes básicos, congeló los alquileres y aceptó subidas salariales más allá de los incrementos de la productividad, como las promovidas por su populista ministro de trabajo Girón, quien también impulsó la institucionalización "paga doble" del verano. Utilizó lemas como el “ni un español sin hogar”, creando el Instituto Nacional de Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, que se embarcaron en intensos programas de construcción de viviendas sociales. También instituyó un sistema de seguros sociales de tipo asistencialista. Y, lógicamente, nunca le hizo ascos a la inflación.
El corporativismo, le llevó a establecer una política netamente prohibicionista, en donde cada sector económico estaba cerrado y protegido de la competencia mediante claras, o sutiles, barreras de entrada.
Evitó, por todos los medios, cualquier intento de liberalización de la actividad económica. Sólo aceptándolo cuando no le quedó más remedio por la quiebra del sistema. De hecho, inicialmente, para evitar el malestar que cualquier estancamiento económico conlleva utilizó profusamente la propaganda a través de unos medios de comunicación puestos a su servicio. Hasta 1960 España fue uno de los países más pobres de Europa.
Cuentan que cuando, ante la catástrofe económica que esa política estaba propiciando, Alberto Ullastres y Navarro Rubio presentaron al dictador el plan liberalizador de 1959, éste los despreció diciéndoles “Hagan ustedes lo que les dé la gana”. Como cuando el 12 de mayo de 2010 Zapatero anunció ante el Congreso, circunspecto y cabizbajo, el programa de ajustes y recortes más duro de nuestra generación, que dejaba de lado su buenísimo electoral.
¿Cuáles son las diferencias con las políticas económicas de los actuales gobiernos de coalición izquierdistas-nacionalistas de España o de Baleares? Ciertamente, las del franquismo guardan algo más que un parecido razonable con las predicadas por los aliados en el poder. De hecho, si no fuera por nuestra pertenencia a la UE serían casi como dos gotas de agua.
Y es que el intervencionismo tiene una larga trayectoria en España, mientras que en Baleares es un fenómeno más reciente por haber tenido una tradición algo más liberal, que se está perdiendo. Se trata de una corriente de opinión que históricamente ha sido promovida por las élites más próximas al poder. Los intelectuales intervencionistas eran los conservadores que defendían el statu quo que les beneficiaba. Sin embargo, desde la caída del Muro de Berlín y el consiguiente hundimiento del llamado socialismo real, la actual izquierda es la que ha abrazado esta forma de pensar y actuar, atrayendo a una parte importante de los capitanes empresariales y funcionariales ya instalados. El ansia de poder es el gran atractivo del intervencionismo.
Definitivamente, el poder es el poder, por lo que para los actuales dirigentes de las coaliciones izquierdistas-nacionalistas gobernantes Franco es sin duda una obsesión, pero en cuestiones económicas, por sus cuarenta años en el machito, es también una fuente de inspiración.
martes, 3 de agosto de 2021
No veo los telediarios
No veo los
telediarios
Desde pequeño mis padres me acostumbraron a que, a las nueve de la noche, la familia se situaba delante del televisor a ver las noticias, con cena o sin ella. Un hábito que, sin pensar demasiado, he mantenido hasta hace relativamente poco tiempo. Pues el telediario era esa ventana que te permitía ver los grandes acontecimientos colectivos. Era una forma de sentirte parte de la comunidad, de la nación o, incluso, de la humanidad.
Lógicamente sabíamos que las televisiones, públicas y privadas, tienen sus propios intereses. Que cuando cambia el gobierno también lo hace el director general de turno. Así que, igualmente de forma casi automática, también descontamos ese sesgo. Sin embargo, eran la única alternativa para ver la “foto del día”, tanto si se trataba de un terremoto, un golpe de estado, un accidente aéreo, un atentado, o la firma de un tratado de paz, o el ataque de risa de un líder mundial. Sabíamos que muchas de esas imágenes acabarían formando parte de una memoria compartida.
Pero ahora, con la difusión de Internet, hay muchas otras alternativas. Hay periodistas que, en vez de trabajar en un gran medio, con una determinada línea editorial, optan por montar el suyo propio y personal. Hay profesores universitarios que deciden compartir sus opiniones sobre los temas que conocen en profundidad. Hay abogados que analizan la producción legislativa y las principales sentencias con todo el rigor que les exige la exposición pública. Hay médicos relevantes capaces de argumentar, de forma comprensible, su particular punto de vista. Y, por supuesto, la “foto del día” está disponible desde distintos ángulos. En definitiva, en la red de redes si existe confrontación de opiniones. Y saltando de un canal a otro te sientes mucho más a salvo de cualquier tipo de manipulación.
Curiosamente, cuando ocurre esta explosión de oferta informativa, la mayoría de los telediarios de las grandes cadenas de comunicación han optado por transmitir básicamente la versión oficial, gubernamental, o políticamente correcta de los acontecimientos, utilizando una impostada neutralidad ideológica que, sin embargo, no llegan a camuflar. Es decir, han optado por intentar conformar una opinión favorable al poder y a la corrección política. Una fórmula que, de momento, les permite generar los ingresos necesarios para el mantenimiento de sus pesadas estructuras a pesar de la pérdida de espectadores, pues ciertamente es el poder quien tiene los grandes recursos.
Sin embargo, lentamente, parece que cada vez son más los telespectadores familiarizados con Internet a los que le puede ocurrir lo mismo que me está ocurriendo a mí, esto es, que ya apenas me interesan los telediarios. Prefiero buscar la información y la opinión a través de los nuevos medios alternativos. Me gusta más, me entretiene más, y, por fin, puedo ver puntos de vista diferentes, aunque los programas están realizados con unos presupuestos tan pequeños que no bastarían ni para el primer minuto de un noticiero oficial.
Todo esto me lleva a pensar que, tarde o temprano, esta situación resultará muy difícil de mantener. Las nuevas generaciones de nativos de red ya no esperan a las nueve de la noche para recibir información. Y, como el tiempo pasa, cada vez son numéricamente menos aquellos que continúan con la vieja costumbre.
Desde luego, a nadie le puede extrañar que los gobiernos y el poder ya estén intentando controlar la información que fluye por Internet, pero tengo la sensación que se trata de una tarea sumamente complicada a pesar de que puedan obtener algunos éxitos parciales.
En definitiva, un nuevo mundo está naciendo a pesar de que el viejo se resiste a morir. Ya están cambiando muchas cosas en la percepción de la realidad, tal como ya ocurrió con la irrupción de la radio o la televisión. La forma en cómo se jerarquiza y comparte la información y la opinión constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad.
martes, 27 de julio de 2021
¿La cubanización del parque automovilístico?
¿La cubanización
del parque automovilístico?
El sector europeo del automóvil se está transformando, pasando de un modelo empresarial muy competitivo, con una alta rivalidad entre marcas, a otro mucho más concentrado en donde las acciones lobistas van ganando peso, haciendo que la regulación crezca de forma exponencial. Además, hay dos ámbitos en los que ésta, por muy elevada que sea, es fácilmente aceptada por el público: el de la seguridad y el de la emisión de contaminantes.
En este sentido las instituciones políticas de la UE están teniendo un claro protagonismo, llevando ambas normativas, aunque sobre todo la anti polución, hacia máximos mundiales. Seguramente la idea de las élites del viejo continente es que la transición hacia la electrificación -que todo indica que será el futuro de la movilidad- se puede acelerar mediante una acción conjunta entre la política y la industria, es decir, entre los órganos de gobierno y las empresas, por aquello de “quien da primero, da dos veces”. Una estrategia que también pretende blindar a los coches europeos de la competencia china.
Sin duda, el proceso de concentración empresarial sectorial experimentado en los últimos años está allanando el camino. Y eso sin considerar las grandes simbiosis históricas entre los intereses comerciales privados del ramo con las instituciones públicas. Además, ahora, los intentos de superar la crisis originada por la gestión de la pandemia constituyen la excusa perfecta para reforzar esa alianza, destinando al sector buena parte de los enormes fondos monetarios creados a tal efecto.
Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos. Siendo uno de los menos despreciables la cubanización de una parte importante del parque automovilístico, es decir, la prolongación indefinida de la vida útil de muchos de los automóviles más contaminantes, cuyos propietarios han dejado de ser capaces, económicamente, de afrontar su renovación.
Ya se está observando un constante incremento de los precios de los coches de combustión, que tiene como objetivo acercarlos a los de los eléctricos. Y todo apunta a que la tendencia continuará, en parte empujada por la fiscalidad gubernamental y, en parte, por la propia estrategia comercial de las marcas. Mientras, los eléctricos continúan su evolución de forma lenta, pues el proceso de “destrucción creativa” del que hablaba Schumpeter requiere un tiempo que, dada la complejidad del automóvil, es difícil de acelerar artificialmente a pesar de las pretensiones de políticos y líderes empresariales. El colofón final será la prohibición de la venta de los “gasolina” y “diésel”, cuando estos procedan exclusivamente de Asia.
Efectivamente, ya estamos viendo cómo cada vez son más los conductores que deciden alargar la vida de sus viejos coches. Para comprobarlo basta con consultar la estadística de compra-ventas de segunda mano. La tendencia del stock es a tener más años y más kilómetros a sus espaldas.
¿Se trata de una nueva paradoja de "consecuencias no intencionadas" de las políticas públicas? Es decir, podría suceder que, pretendiendo mejorar la calidad medioambiental del aire acelerando la puesta en circulación de vehículo de cero emisiones; en realidad se esté fomentando el mantenimiento de un parque no renovado, y, por tanto, provocando una mayor contaminación.
No se puede olvidar que la crisis actual está teniendo una incidencia muy desigual entre aquellos que están cómodamente instalados en el sistema con contratos laborales protegidos, y aquellos otros que padecen la temporalidad. Sin duda, serán estos últimos los que van a ir experimentado más dificultades para renovar sus utilitarios. Por lo que se puede concluir que el riesgo de cubanización del parque automovilístico incidirá más en un estamento social que en otros. La prohibición de circular por determinadas áreas nos puede retrotraer a la época en que el automóvil era para los estamentos mejor posicionados.
Quizás, una vez más, la mejor estrategia para la descarbonización del sector debería ser la del laissez-faire.
martes, 20 de julio de 2021
El fracaso de las viviendas vacias
El fracaso de las
viviendas vacías
Hace poco la Agencia Tributaria publicó por primera vez estadísticas sobre la vivienda en las distintas comunidades autónomas. Lo más llamativo es que la nuestra tiene un parque desocupado de 121.000, en torno al 30% del total. Una cifra que nos dice mucho sobre lo tremendamente distorsionado que está el mercado por el intervencionismo gubernamental. O, dicho de otra manera, un guarismo hace pensar que sin Govern y Gobierno no habría problema de vivienda en Baleares. Un fracaso en toda regla.
La inmensa mayoría de esos inmuebles son de pequeños propietarios que carecen de los incentivos necesarios para sacarles algún rendimiento. Quizás a algunos les resulte más sencillo esperar a los efectos de la inflación, y eso a pesar de saber que la rentabilidad de los alquileres en Baleares es de las más altas del país. Así que el motivo de esta pasividad no puede ser otro que el sentirse totalmente desprotegidos por las leyes que regulan el sector a la hora de llevar las viviendas al mercado. Realizar compra-ventas está tan castigado, tributariamente, que para muchos reduce drásticamente los incentivos suficientes para ponerlas en circulación. Además, los trámites para realizar cualquier reforma suponen una tremenda fuente de dolores de cabeza.
Sin tampoco olvidar que el problema de la inaccesibilidad de la vivienda conlleva, por añadidura, el de las dificultades para recibir trabajadores de otros lugares, lo que, sin duda, repercute no sólo en el elevado nivel de desempleo que constituye la principal lacra de la economía nacional, sino también en la pérdida del potencial que eso supone.
Efectivamente, con un excedente de viviendas de ese tamaño, es fácil pensar que cualquier mayor protección a los propietarios, disminuyendo los impuestos, las plusvalías, flexibilizando los períodos de alquiler, agilizando las acciones ante los impagos, etc. y acortando y simplificando los trámites para realizar las posibles obras de reforma, el problema de la vivienda no tan sólo estaría resuelto, al provocar una drástica bajada de precios por el aumento de la oferta, sino que además, al facilitar la movilidad laboral el bienestar se dispararía generando los recursos necesarios para mejorar los servicios de limpieza, transporte público, depuración de aguas, etc.
Con todo, lo que parece más grave es que a pesar de que la noticia sugiere una dura crítica a la política de vivienda desarrollada por el Govern, el diario que la publicaba hacía un análisis complaciente destacando en la actuación, a todas luces propagandística, sobre los llamados "grandes tenedores". Ciertamente, es preocupante que la noticia no haya generado un fuerte enfado público colectivo. Lo lleva a concluir que el problema continuará, sin menoscabo que unos rasgan las vestiduras y otros se inventen malignos fondos buitres a quienes atribuirles las culpas.
La influencia del poder sobre los medios de comunicación está anestesiando a la sociedad, provocando que los problemas se enquisten convirtiéndolos en males permanentes con los que hay que convivir. Por ello, hace tiempo que sostengo que se tendría que publicar de forma clara y explícita las cantidades que las instituciones públicas pagan a los medios de comunicación, al menos así podríamos saber quién entiende o justifica las políticas implementadas porque su salario depende de ello.
viernes, 16 de julio de 2021
La degradación del dinero
Degradación del dinero
La inflación es un fenómeno que se produce por el envilecimiento del dinero. Ocurre cuando la cantidad de moneda crece más rápidamente que la producción. Así, aunque normalmente se dice que la inflación es un aumento generalizado de los precios, en realidad es la pérdida de calidad de la moneda.
A los actuales gobiernos -incapaces de realizar las reformas económicas estructurales que el escenario global reclama- les ha resultado más sencillo apelar a crédito ilimitado de los bancos centrales. Es ahí donde hay que buscar el origen de la inflación. Ahora, además, la crisis de la gestión de la pandemia les ha cogido con el pie cambiado añadiendo más leña al fuego.
Ciertamente, los responsables del proceso inflacionista no son quienes suben los precios, sino quienes envilecen el dinero por su impresión excesiva. Más dinero, por sí mismo, no genera más riqueza, y puede llegar a tener efectos destructivos al dificultar el cálculo económico, ya que los precios constituyen un sistema de comunicación que permite compartir la información económica más relevante de forma descentralizada. Si ese sistema se distorsiona por el cambio de valor de la moneda, la economía no puede funcionar.
La inflación también supone una redistribución de renta desde los ahorradores a los deudores. Los gobiernos que acumulan una deuda enorme son los principales beneficiados por este fenómeno. Al tiempo que aquellos que se hayan esforzado en ahorrar para hacer frente a eventualidades se convierten en los grandes perdedores. Lo que, a su vez, pone en riesgo el crecimiento futuro.
Ahora la pregunta es ¿son coyunturales los actuales repuntes inflacionarios, o nos pueden retrotraer a la década de los 70?
Si la inflación es puntual se convierte en una simple transferencia de renta, como un nuevo impuesto antidemocrático (sin aprobar en el Parlamento) al ahorro. Si, por el contrario, la política económica continúa siendo acomodaticia con gobiernos centrados en su inmediato horizonte electoral, existe el riesgo de que se generen unas expectativas alcistas que serán muy difíciles de parar.
En un ambiente de inflación los incrementos salariales son fruto de la capacidad de presión de los distintos colectivos de trabajadores; no de los incrementos de productividad de cada sector, de manera que aquellos con más fuerza suelen ser los que acaban ganando. Más tarde, la lógica electoral lleva al “control de precios”, con efectos inhibidores de la actividad.
Así que la respuesta a la pregunta anterior es: dependerá de cómo se desarrolle la política económica. Si se controla el gasto público, al tiempo que se hacen las reformas pendientes, ciertamente los aumentos de precios probablemente serán puntuales y la economía podrá retornar a beneficiarse de una moneda estable.
Por todo ello esperemos que mal que bien, aunque sea por presión de Bruselas, se vayan realizando las reformas pendientes al tiempo que se controla el gasto público.
martes, 13 de julio de 2021
¿Debatir la ampliación de la ORA?
¿Debatir la
ampliación de la ORA?
A nuestros dirigentes municipales, como a muchos otros políticos actuales, les gusta tomar decisiones a golpe de ocurrencia propagandística de partido. Son reacios al debate y la confrontación de ideas. Les va lo mediático y lo publicitario mucho más que la transparencia y el análisis crítico de una gestión en provecho colectivo de todos. Nunca como ahora el barullo, la apariencia y el cortoplacismo han tenido tanto predicamento, al tiempo que la reflexión, el estudio y el debate o, incluso, la coherencia se devalúa.
Una de estas últimas decisiones, en Palma, ha sido la ampliación de las zonas con aparcamiento regulado (ORA) que, a su vez, es consecuencia básicamente de otras dos anteriores. Por un lado, la de municipalizar el servicio, y por otro, la de suprimir centenares de plazas de parking en intramuros. Pues la primera significó contratar un personal que con la segunda se puede quedar sin trabajo. Así que la solución es ampliar el área de las restricciones.
Es decir, no se hace porque exista un auténtico problema de congestión en toda la periferia urbana, sino por la propia dinámica de funcionamiento del equipo de gobierno municipal. Un fenómeno que se repite una y otra vez en todos los niveles administrativos, y que nos conduce inexorablemente, a una paulatina pérdida de competitividad que nos hace descender posiciones en todos los rankings de bienestar, además de hacer más incómoda la vida.
La política se ha convertido en un problema para el ciudadano medio que ve como se merman sus recursos (por los fuertes incrementos tributarios y seudo-tributarios) al tiempo que todo se vuelve más difícil y complicado. Las administraciones cada vez son más mandonas, entrometidas y antipáticas.
Es previsible que con la ampliación de la ORA se vean, durante un tiempo, muchas plazas de aparcamiento vacías en las nuevas áreas que no sufren saturación (aunque la imagen no aparecerá en la televisión o prensa oficial). Mientras, la presión en las calles libres colindantes aumentará considerablemente haciendo más difícil la movilidad. Muchos ciudadanos intentarán desplazarse lo menos posible allí en donde el aparcamiento sea más arduo, provocando un traslado del tráfico hacia la, ya de por sí, saturada vía de cintura con rumbo a las zonas de parking libre. Es por esto que esta operación tiene unas implicaciones económicas importantes que las autoridades no querrán considerar. Lo relevante no es el resultado para la ciudad, sino para los dirigentes consistoriales y sus carreras personales en el seno de sus organizaciones.
Así, con toda probabilidad, han determinado cerrar el centro por seguir las directrices de sus respectivos partidos en materia municipal, y no por haberlo meditado conjuntamente con los vecinos de Palma a quienes, en teoría, representan. De igual forma, no tomarán ninguna otra medida que les suponga un coste en sus currículums, tales como podría ser la promoción de la construcción de las infraestructuras necesarias (segundo cinturón, nuevos parkings, etc.). Y por las mismas razones tampoco innovarán, racionalizando las escalas tarifarias o los tiempos tasados que eviten saltos excesivos entre zonas. La innovación siempre conlleva riesgo.
En definitiva, el caso de la ampliación de la Ordenanza de Regulación de Aparcamiento en Palma (ORA) es sólo un ejemplo más de la dinámica con que se están tomando muchas importantes decisiones colectivas que a todos nos afectan. Una dinámica que provoca una crisis de representatividad que aleja al ciudadano de la política.
martes, 6 de julio de 2021
Conselleria del litoral
Conselleria del
litoral
Sostengo que el mar padece tres graves problemas, pues por un lado está abajo, esto es, más bajo que la tierra por lo que la gravedad arrastra hacia él toda suerte de porquerías y deshechos. En segundo lugar, está el plástico que es difícilmente biodegradable. Y, por último, aunque no menos importante, el mar no tiene propietario que lo defienda, al igual que ocurre con los torrentes, por los que circula buena parte de la basura que le acaba llegando.
Hace ya muchos años fui uno más entre los amantes de la naturaleza aficionados a navegar por todo el litoral mallorquín. Fue entonces cuando observé que el auténtico problema medioambiental de nuestra Isla lo sufría el mar. Era frecuente encontrar desde enormes plásticos transparentes que se podían enrollar en la hélice del pequeño propulsor, a otros de tamaño micro fruto de la fragmentación. En algunos lugares el agua se volvía turbia afectada por la emisión de aguas residuales. También se podían encontrar restos de redes de pesca o de petróleo en forma de pelota. En definitiva, un panorama claramente peor que el que se podía ver en tierra, con la excepción mencionada de los torrentes.
Me uní a un grupo de voluntarios para realizar labores de limpieza, aunque pronto observé que los resultados que conseguimos eran básicamente simbólicos. Durante las mañanas de algunos domingos sacamos del agua neumáticos, restos de productos higiénicos, zapatos, colchones, carritos de supermercado, además de bolsas y de todo tipo de envases. A medio día celebramos la faena; momento que aprovechaban algunos políticos espabilados para fotografiarse con nosotros.
Ahora la vida me ha llevado a navegar mucho menos, pero desde entonces, casi nada ha cambiado y los problemas continúan. El mar por supuesto continúa estando abajo, y como no es previsible que esto cambie, debemos aprender a convivir con esta dificultad. En cuanto a los plásticos algo se ha mejorado, pues ahora algunos son más fácilmente biodegradables y otros se utilizan menos. Pero es seguro que seguiremos utilizando este material sintético pues, por otro lado, como sustitutivo de muchas materias primas naturales ha evitado su agotamiento o la sobreexplotación. Si podemos esperar que los avances tecnológicos vayan perfeccionando paulatinamente su mayor compatibilidad con el medio ambiente.
Por último, el mar sigue sin tener dueño, es decir, que como no pertenece a nadie, nadie se encarga de defenderlo ante cualquier agresión. Nadie demanda a un ayuntamiento u otro agente cualquiera cuando vierten aguas residuales sin depurar, o cuando los torrentes mal mantenidos por un consell le descargan toneladas de desperdicios, o cuando se realiza otro tipo de explotación excesiva. Pero lo que todavía es peor, administrativamente tampoco existe un responsable claro. Más bien se produce una concurrencia y solapamiento de competencias entre distintos organismos, niveles y departamentos que hace casi imposible una actuación rápida y eficaz.
Por eso, hoy no voy a sugerir que se privatice el mar, aunque es probable que no fuera una mala idea, sino que me limitaré a proponer que se unificarán las competencias de las distintas administraciones en una sola. Por ejemplo, en una consejería o un ministerio del litoral, de manera que los ciudadanos pudiésemos identificar quién es el responsable de paliar los graves problemas que padece el inmenso azul. Pues, aunque esa hipotética administración marina única, como todas las demás, tendiera a tirar balones fuera responsabilizando a otras de sus fallos y errores, al menos muchos sabríamos que se trata sólo de una estrategia.
Efectivamente, muchas de las agresiones padecidas por el litoral, en realidad no han tenido la respuesta adecuada por la ausencia de una administración plenamente responsable e identificable que actúe, de facto, como propietaria. El lío administrativo es uno de los principales motivos de muchos incumplimientos, por no haber generado los incentivos suficientes para paliar los problemas. Al tiempo que tampoco ha propiciado el desarrollo de nuevas tecnologías en materia de mantenimiento y cuidado.
En definitiva, desgraciadamente con el mar, con el litoral, y con los torrentes estamos anclados en un estadio primitivo, casi depredador, característico de las sociedades dedicadas a la caza y la recolección.
martes, 29 de junio de 2021
La teoría de los incentivos
La teoría de los
incentivos
Si los ingenieros tratan averiguar el funcionamiento de las fuerzas de la naturaleza, los economistas intentan conocer la fuerza de los incentivos, y también en dónde estos tienen su origen. Dominar la “teoría de los incentivos” es clave para conocer el mundo en el que vivimos, y también para tratar de mejorarlo. Y es especialmente relevante para el político cuando actúa como legislador. Aunque también lo es para el elector que observa el propio comportamiento de los dirigentes y gobernantes.
El punto de partida de la teoría de los incentivos establece que cuando los hombres y las mujeres no tienen que responsabilizarse de sus actos, éstos tienden a ser irresponsables. Alternativamente, este es también el elemento fundamental por el cual la propiedad privada puede considerarse como una de las instituciones sociales más importantes, a la hora de explicar la prosperidad económica, al armonizar los incentivos individuales con los colectivos. Es decir, por su contribución a “la mano invisible” de Smith.
Por otro lado, cuando el juego de los incentivos actúa simultáneamente sobre distintos grupos sociales produce otro efecto denominado “teoría de las consecuencias no intencionadas”. Así, por ejemplo, cuando Luís XVI de Francia, y más tarde los revolucionarios que le sustituyeron, establecieron precios máximos para el pan, y otros productos básicos, con el objetivo de aliviar la situación que la inflación causaba a los más pobres, provocaron, de forma indeseada, sendas debacles al eliminar los estímulos a la producción de aquel alimento. Las consecuencias de cualquier acción son muchas y no siempre fácilmente determinables, de ahí la importancia y la complejidad de los estudios de economía.
En el plano de la política, un elector cualquiera por ejemplo uno de nosotros, puede pensar que nuestro voto tiene una capacidad de influencia tan limitada, que no vale la pena esforzarnos en conocer suficientemente, ni las diferentes propuestas ofertadas, ni los “incentivos” que mueven al proponente, ni mucho menos las “consecuencias no intencionadas” que se pueden derivar de ellas. Nos resulta mucho más sencillo prestar atención únicamente a la puesta en escena o a los titulares que se incluyen en el discurso.
Como hombres y mujeres inteligentes y ambiciosos que suelen ser, los candidatos de las distintas opciones políticas conocen a la perfección estos mecanismos mentales. Por lo que sus mensajes pondrán mucho más énfasis en la forma que en el fondo, prometiendo soluciones a diestro y siniestro sin considerar ninguna de las teorías mencionadas. Por supuesto, nunca jamás revelarán los auténticos incentivos que les mueve a participar en el juego político. Es más, bombardean a los votantes con la idea que los grandes empresarios se mueven por intereses propios, que también lo hacen las potencias extranjeras, los miembros de otras comunidades, o los de los partidos contrarios. Pero nunca reconocerán que ellos mismos también están sometidos al diseño de los incentivos implícitos en todas las leyes, en especial, las electorales.
Sin embargo, los políticos, como todos los demás mortales, están sometidos al juego de los incentivos y con ellos también la acción del gobierno, aunque se adorne con la vaga expresión del bien común. Es por ello que es tan importante el papel de la división y equilibrio de poderes y los límites que marca una Constitución.
En cualquier caso, Sánchez, Armengol, Hila y muchos otros dirigentes actuales comparten un determinado perfil, que algunos han denominado “funcionario de partido”, que es fruto de los incentivos que generan las leyes, los reglamentos y los usos establecidos en la arena política española. Es ese perfil el que impide llegar a consensos con la oposición para mejorar la calidad institucional de nuestra democracia. De ahí la gran importancia que tiene debatir sobre los incentivos a la participación ciudadana en los asuntos públicos, con especial atención a las leyes electorales.
martes, 22 de junio de 2021
En memoria de la Peseta
En memoria de la
Peseta
Este año se cumple el 20 aniversario de la desaparición de la Peseta. Una moneda que nos acompañó como unidad de cuenta nacional durante 134 años, tantos que mi padre nunca ha sido capaz de pensar en euros. Nació con un intento de unión monetaria y dejó de existir por la misma razón. Quizás por todo eso, soy de la opinión que tendríamos que rendirle un homenaje en nuestra comunidad, quizá en forma de monumento o quizás bautizando una calle relevante de Palma, nuestra capital.
La Peseta era una antigua moneda de plata, nacida en Cataluña durante la Guerra de Sucesión. Las primeras unidades se acuñaron en Barcelona en 1707 para financiar al bando del Archiduque Carlos con la denominación de “Real de a dos” aunque pronto el pueblo la bautizó “pesseta" que en castellano sería algo así como "piececita”. Tras la guerra, Felipe V no la retiró de circulación.
Posteriormente se vuelve a acuñar en el bando afrancesado durante la Guerra de Independencia Española. Y también más tarde durante el trienio liberal. No obstante, durante todo este periodo no deja de ser una moneda más de entre el caos del cerca del centenar que circulaban por todo el país.
No será hasta la reforma liberal de 1868 cuando se convertirá en divisa nacional, durante los primeros días de la Revolución Gloriosa que inicia el sexenio democrático. Sustituye al Escudo y al Real que se habían intentado sin éxito unos años antes. El Ministro de Hacienda Laureano Figuerola eligió la peseta, de entre sus distintas opciones, porque por entonces se pretendía por parte de Francia, Italia, Suiza, Bélgica y más tarde Grecia crear la “Unión Monetaria Latina”, un gran proyecto antecesor remoto del Euro. La Peseta, con sus poco más de cinco gramos de plata, era la moneda con un contenido metálico más parecido al franco y a la lira.
Como buen reformista el flamante titular de Hacienda actuó con la máxima rapidez. Tomó posesión del cargo de ministro el día 9 de octubre, promulgando el decreto de adopción de la nueva unidad de cuentas tan sólo 10 días después. Utilizó para ello justificaciones netamente económicas, pero también políticas como fue la de evitar la circulación de monedas con símbolos del régimen anterior.
Como es sabido, la Gloriosa llega tras una doble crisis, política por una parte y económica por otra. Esta última es la que inspira la reforma monetaria que, además, llega acompañada de medidas netamente liberales impulsadas por el ministro catalán, como la concesión de más libertad para los agentes económicos facilitando la creación de sociedades de responsabilidad limitada, la supresión de las aduanas interiores, la liberalización de buena parte del comercio exterior, la descentralización de la gestión del puerto de Barcelona y otros, la constitución de préstamos hipotecarios, o un mejora del sistema tributario en la misma línea.
Ciertamente, Laureà Figuerola Ballester era natural de Calaf, catalán de pura cepa. Pero, tal como ocurre hoy en día, el nacionalismo lo consideró un mal catalán por la razón de ser liberal y contrario al prohibicionismo. De hecho, incluso, a principios de este siglo XXI se intentó construir un museo de la Peseta en su población natal, proyecto que quedó en una simple exposición probablemente por razones similares.
Sin embargo, Figuerola puede ser considerado como uno de los más importantes modernizadores de nuestro país. La Peseta, que como hemos señalado, nació con el mismo valor del franco y la lira, cuando fue sustituida por la actual divisa europea equivalía a 4 francos viejos (de antes de la reforma de finales de la década de los cincuenta del siglo XX) o a 11 liras italianas. De modo que, a pesar de la densa y en ocasiones trágica historia de nuestro país, la "rubia" conservó mejor su valor que las monedas de nuestros vecinos, y esa es la principal función de cualquier moneda.
Por todo ello, siendo un firme partidario del Euro, pienso que dedicar un tiempo, y un espacio permanente, a recordar a la Peseta y a su creador Figuerola es algo que nos debemos a nosotros mismos.
viernes, 18 de junio de 2021
martes, 15 de junio de 2021
Reformas económicas
Reformas económicas
El modelo económico de libre empresa, que Marx bautizó como capitalismo, experimenta un permanente cambio tecnológico puesto que los empresarios tienen que poner todas sus energías y capacidades en el control y la contención de costes, así como en la diferenciación o mejora de sus productos para hacer frente a la dinámica de la competencia. Esta es la única estrategia que les puede permitir tener alguna ventaja, casi siempre temporal, sobre el resto de empresas.
Sin embargo, la existencia de las regulaciones gubernativas ofrece una alternativa; la de apelar al gobierno para evitar la competencia. Así, los empresarios a cambio de protección pueden ofrecer apoyo político. Una práctica que beneficia mucho a unos pocos y que perjudica aparentemente poco a muchos, por lo que a su vez resulta sencilla su “venta” electoral. Este tipo de actuación tiene como consecuencia indeseada trasladar parte del gasto empresarial que se hubiese dedicado al desarrollo de nuevos procesos y productos hacia acciones lobistas. Es decir, se gasta más en abogados y menos en ingenieros.
La consecuencia de todo ello no es otra que los países en los que la competencia está más arraigada y salvaguardada suelen coincidir con aquellos que generan nuevas tecnologías, procesos y productos. Mientras que aquellos otros con más intervención gubernativa acostumbran a ir siempre a remolque en esta materia.
España, por las políticas del gobierno central, y también por las de comunidades autónomas, está en el grupo de los países en los que es más rentable contratar abogados lobistas que ingenieros desarrolladores de procesos y/o productos.
En estas circunstancias la llegada de los fondos europeos puede permitir que algunas empresas adquieran la tecnología de otros entornos económicos. Algo que sin duda puede constituir una puesta al día puntual en algunos casos. No obstante, la dinámica económica no cambiará por sí sola, por lo que los efectos positivos se irán diluyendo rápidamente. Si, además, esos fondos se financian con nuevas emisiones de deuda, puede producirse un incremento del nivel de precios que tenga consecuencias negativas, no sólo en el funcionamiento del mercado interno, sino también en la competitividad de las exportaciones.
Este es el motivo de la trascendental importancia que tienen las llamadas "reformas económicas estructurales'' que, en principio, condicionarán la llegada de los fondos. Todas ellas van encaminadas a dar mayor protagonismo a los criterios de mercado; limitando de forma clara las posibilidades de intervención y prohibicionismo gubernativo. Ahora bien, esas reformas son muy difíciles de llevar a cabo desde el poder político porque alteran el statu quo que lo aupó. Jacques Delors decía: “sabemos lo que tenemos que hacer, pero no sabemos cómo hacerlo”. Este es uno de los principales dilemas a los que nos enfrentamos en el presente. Aunque desde el Gobierno se nos repita, una y otra vez, que la llegada de fondos lo solventará todo, lo cierto y verdad es que sin un programa de reformas la alegría durará muy poco.
Históricamente, solo en dos ocasiones España ha podido culminar un plan de reformas económicas profundo: durante la "Gloriosa", en 1868, cuando se adoptó la Peseta como moneda nacional; y en 1959 con el Plan de Estabilización. En ambos casos el poder político, deseoso de mantenerse en los puestos de mando, aceptó la colaboración de reformadores capaces de volverse a casa una vez finalizada su tarea. En ambos casos las políticas populistas previas habían agravado la situación. Ahora bien, en el primer caso fue necesario un cambio de régimen, en el segundo tan sólo un reemplazo de ministros que afianzó al dictador.
Hasta ahora el presidente Sánchez ha practicado un populismo de manual, sin importarle tensionar al máximo a las principales instituciones del país ni sus consecuencias económicas. Ha demostrado estar dispuesto a pagar cualquier precio para permanecer en Palacio. Pronto las reformas económicas pendientes se convertirán en una parte más de ese precio.
martes, 8 de junio de 2021
Impuestos y seudo impuestos sobre la electricidad
Impuestos y seudo
impuestos sobre la electricidad.
Los precios de la energía a nivel internacional, y situaciones de escasez o de conflicto, por sí solas llevarían a la sustitución de las fuentes no-renovables por otras, es decir, sin ninguna intervención llevarían al abandono de los combustibles fósiles. De hecho, Elon Musk, prototipo de personaje netamente capitalista, está haciendo más por la transición energética que muchas de las abundantes agencias gubernamentales.
Sin embargo, la lucha contra el cambio climático, y su consideración de “estratégico” supone la aceptación de elementos del sector energético que son un “bien público” que no pueden ser financiados por el mercado. Así, las restricciones a las emisiones de CO2, la fijación de objetivos de energía renovable, la prohibición de determinadas fuentes, el mantenimiento del empleo minero ineficiente, la igualdad tarifaria en todo el país de forma independiente de las condiciones geográficas, o el monopolio de las principales líneas de distribución de electricidad, las primas a las renovables, la moratoria nuclear, etc., tienen que financiarse por formas diferentes a las de mercado, básicamente con unos seudo tributos denominados "costes regulados". En definitiva, el energético es uno de los sectores más intervenido, junto con la educación y la sanidad, de toda la actividad económica.
Es por ello, que una correcta política para este fundamental sector debe elaborarse conociendo muy bien su estructura, mecanismos y funciones. Algo que no resulta nada sencillo, pues el debate político y mediático predominará sobre el técnico, generando posturas extremas. De esta forma, se mencionan sólo los beneficios y nunca los costes de cualquier actuación sobre el mismo. Se anuncia hoy un buen objetivo, en la seguridad de que la factura no llegará hasta mañana.
Por otro lado, los energéticos, junto con los laborales y los tributarios, son unos de los principales costes a los que tiene que hacer frente cualquier empresa. De manera que una desviación en las decisiones tomadas respecto a las del mercado, suponen un lastre para la competitividad empresarial en relación con otros países. De hecho, esta es una de las varias causas que explican los movimientos de deslocalización.
Efectivamente, si los precios de los bienes y servicios que se producen en un país se forman en los mercados internacionales y se quiere que los salarios de esa economía sean elevados, hay que buscar la competitividad en la diferenciación del producto y en la reducción de los costes no-salariales, incluidos los energéticos. Dicho en otras palabras, la competitividad más allá de la diferenciación del producto, se obtiene mediante impuestos, precios energéticos y otros costes (financieros, etc.) moderados.
Ahora bien, como en España, y en buena parte de la UE, los precios de la energía son elevados por los tributos que soportan, se puede concluir que la competitividad con salarios elevados sólo se alcanzará con una política de contención de los tributos. Sin embargo, la electricidad está gravada con el tipo elevado de IVA, con un impuesto especial, y por los "costes regulados," (que es otra forma de imposición).
Así que, si a alguien le llama la atención que un bien tan básico soporte tal tributación, la respuesta hay que buscarla en lo que los economistas llaman la rigidez de la demanda. Es decir, como precisamente se trata de un bien necesario carente de sustitutivos un incremento de la imposición apenas disminuye su consumo, tal como ocurre con las gasolinas, lo que les confiere una gran potencia recaudatoria.
Por todo ello, no debería extrañar que un gobierno que considera que el gasto público, no solo es intocable, sino que debe seguir incrementándose, no le quede otro remedio que explotar al máximo todas las figuras impositivas y seudo-impositivas a su alcance.
Los efectos del salario mínimo en España
LOS EFECTOS DEL SALARIO MÍNIMO INTERPROFESIONAL EN EL EMPLEO: NUEVA EVIDENCIA PARA ESPAÑA 2021
viernes, 4 de junio de 2021
Fondos europeos y el cambio de modelo
Las distintas administraciones públicas españolas necesitan de reformas estructurales porque tienen un grave problema de gestión, es decir, no gestionan bien. Los ejemplos son muchos y van desde los proyectos más grandes a los más pequeños. Así, la llegada de Fondos Europeos en cantidades ingentes, es, desde luego, una oportunidad, pero también un auténtico embolado.
Quien haya tenido ocasión de observar de cerca el funcionamiento de cualquier administración pública a la hora de llevar a cabo el desarrollo de un proyecto, sabe que es frecuentemente desesperante al requerir de unos plazos larguísimos y de innumerables correcciones que pueden acabar frustrando o desvirtuando por completo lo iniciado. Además, los fondos procedentes de la UE son especialmente exigentes respecto a las condiciones que marcan, lo que redobla su dificultad de gestión.
Cualquier proyecto, más si pretende cambiar nada más y nada menos que el modelo económico, requiere de una planificación a medio y largo que no es fácil por falta de incentivos. En gran parte porque la administración, con los dirigentes políticos en su cúspide, siempre piensan en el muy corto plazo. También, porque no hay elementos objetivos que permitan adoptar un criterio u otro. Así, por ejemplo, se pueden priorizar inversiones territoriales sobre otras de mayor eficiencia para contentar a una determinada comunidad autónoma, municipio o líder.
Tras la fase de planificación viene la de presupuestación, en la que los actuales gobernantes (Sánchez, Armengol, etc.) presionan para maximizar las cantidades correspondientes a los dos años que quedan de legislatura. Pero las prisas siempre provocan errores. Lo lógico es esperar nuevas correcciones o replanificaciones que retrasarán, inevitablemente, la siguiente fase de ejecución mediante la correspondiente elaboración de complicados pliegos de condiciones ajustados a los reglamentos, no siempre claros, elaborados en Bruselas.
Mientras se van sucediendo los plazos establecidos, se irán aconteciendo otras interferencias políticas de todo tipo. Lo que llevará a que la escala burocrática sea especialmente escrupulosa en el cumplimiento de las condiciones, por lo que se tenderá a agotar cualquier vencimiento o, incluso, a solicitar prórrogas. En el caso de la administración balear todavía está muy presente la legislatura del presidente Matas, así que nadie quiere “pillarse los dedos”. De hecho, desde entonces, los tiempos para la realización de cualquier proyecto, por pequeño que este sea, se han ido dilatando más y más.
A la fase de ejecución le sucederá la de verificación en la que los funcionarios de la Intervención y delegados europeos comprobarán cómo se ha desarrollado todo el proceso para así poder proceder, en todo caso, a la certificación, es decir, al envío del dinero. En definitiva, la llegada de los fondos no tan sólo no será inmediata, sino que las vías por donde deben circular al no están en las mejores condiciones pueden producir descarrilamientos.
Por último, ante estas carencias lo más fácil será aumentar las plantillas de funcionarios, lo que puede traduciéndose en más burocracia paralizante. En fin, ¿Un cambio de modelo económico? … ¡Cuán largo me lo fiais!
martes, 1 de junio de 2021
Centros comerciales ¿Reformulación?
Centros comerciales
¿Reformulación?
Los grandes centros comerciales, como el resto del sector del ocio no-virtual, ha sido uno de los principales afectados por las fuertes restricciones de reunión implementadas por la pandemia. A lo que hay que añadir las crecientes limitaciones a la circulación, adquisición y mantenimiento de automóviles privados y, como no, el boom de las ventas por on-line.
Efectivamente, al pasear por un gran centro comercial de cualquier ciudad se pueden observar locales vacíos, probablemente víctimas de los fenómenos antes citados. Lo que, sin duda, estará provocando una reducción en los precios de los alquileres y, por tanto, en la rentabilidad, que les va a empujar a tener que reinventarse para poder volver a ofrecer un más alto valor añadido. Tendrán que reconvertirse en lugares mucho más atractivos.
Efectivamente, mientras la tendencia de los centros urbanos es la de mantener, o incluso incrementar, su poder de seducción como puntos de encuentro, reunión y socialización a medida que aumentan las limitaciones al uso del coche, con tiendas dedicadas a las compras más esenciales o como puntos de recogida de pedidos on-line; los centros comerciales de la periferia van a necesitar de nuevas ideas e inversiones para poder competir.
Para ello van a requerir de una normativa urbanística más flexible que les permita cambiar los usos. Pues el público va a reclamar más espacio al aire libre, con más zonas ajardinadas y de naturaleza. Probablemente la cultura entrará de lleno sus recintos tal vez en forma de museos interactivos de todo tipo, incluido la experiencia de visitar lugares emblemáticos de cada vez más restringidos como puede ser, por ejemplo, el Machu Picchu, el Partenón de Atenas o cualquier otro lugar único que, a partir de ahora, será de mucho más por difícil acceso, por las reducciones de los aforos.
Sin duda, también habrá locales dedicados a los temas más locales. En nuestro caso no será extraño ver, por fin, un museo digno sobre la presencia en nuestras islas de la cultura talayótica, la fenicia o la romana. Quizás también quieran optar por ofrecer actividades extraescolares en colaboración con los diferentes centros educativos. O nuevas formas teatrales. Muchas actividades médicas y de salud o de atención a los mayores puede ser que también acaben siendo uno objetivos de sus directivos. Al tiempo que, por supuesto, la restauración y la gastronomía de todo tipo ganará espacio y protagonismo a lo meramente comercial.
Seguramente, intentarán conectarse con los núcleos urbanos por medio de carriles bici y paseos. Aunque también es posible que con el objetivo de reducir desplazamientos y atraer a turistas extranjeros (exportación), puedan decidir que una parte de su superficie pase a estar dedicada a la oferta de alojamiento, incluidas viviendas en régimen de alquiler especial.
En definitiva, los centros comerciales funcionan con la lógica típica del capitalismo. Así que ahora que se ven afectados negativamente tanto por circunstancias estructurales como coyunturales, a buen seguro reaccionarán con la suficiente imaginación que, desde luego, somos incapaces de predecir. Lo que sí es seguro es que, si las normas y leyes no lo impiden, resurgirán resilientes, sostenibles y sin ayudas.
La London School of Economics y Hayek
En cierta ocasión le preguntaron a Hayek (lo que se recoge en el libro Hayek sobre HayeK):
La London School of Economics era originariamente una institución fabiana. ¿Cómo es que para 1931 se encontraba en la facultad tanto Robbins como usted?
A lo que el austríaco responde: Supongo que todo se debió a Edwin Cannan. Los Webb eran en este sentido muy decentes. Querían un buen teórico de mente independiente, y hasta tal punto estaban convencidos de que un estudio de economía libre de prejuicios conduciría al socialismo que cometieron el error de admitir a alguien que disentía absolutamente de tal conclusión. Y Cannan, que era el catedrático más importante, y Foxwell, que ocupaba una cátedra de dinero y banca, estaban completamente separados de la parte fabiana. En un aspecto, Laski y yo teníamos algo en común, que nos gustaba coleccionar libros, pero por lo demás no teníamos nada que ver el uno con el otro, casi ni hablábamos el mismo lenguaje. No me pida que empiece a contarle historias del la LSE, porque si era un lugar tan peculiar, era precisamente por alguien tan extraordinario como Harold Laski.
Así mismo, también le preguntan: Los alumnos de la London School, ¿eran casi todos fabianos, se trataba de simples estudiantes que sólo buscaban un título?¿Qué motivaba ir a la LSE en los años treinta?
A lo que responde: Hay que distinguir entre profesores y estudiantes. Dentro de los primeros existía una enorme diferencia entre economistas por un lado y científicos políticos y sociólogos por otro. Entre medio estaban los juristas, geógrafos, historiadores de la economía..., que eran neutrales o, si acaso, ligeramente fabianos. Gente del grupo de Bloomsbury, como Eileen Power, o enganchados a ese grupo; era gente, a su manera, muy agradable y presentable, nada doctrinarios.
A
martes, 25 de mayo de 2021
Biblioteca Central del Turismo
Biblioteca Central
del Turismo
Turismo es cultura, conocimiento y transformación anímica, y la mejor manera de difundirlo, desde nuestro especializado y puntero archipiélago al resto del mundo, hubiese sido mediante la constitución de una biblioteca especializada sobre el tema.
Nuestra ilustre conciudadana Carmen Riera dedicó a este tema su discurso de ingreso en la Real Academia Real Academia de la Lengua Española, titulado, nada más y nada menos, “Sobre un lugar parecido a la felicidad”. Al repasar, casi uno a uno, todos los libros de viaje que tuvieron nuestras islas como destino durante la larga etapa de los movimientos romanticistas. La académica sostiene que el galicismo “turista” es más moderno que la palabra latina “viajero”; pues el primero hace referencia al Grand Tour que las élites británicas emprenden como componente de la educación de los jóvenes de la burguesía más ilustrada, al considerar que el contacto con gentes de otros lugares, costumbres o culturas, les permitía conocerse mejor a sí mismo y al resto del mundo. Mientras que “viajeros” eran aquellos que se desplazaban por negocio o por otros motivos que van más allá de la simple curiosidad o formación.
De esta manera, y siguiendo esta misma línea del razonamiento, para revalorizar la palabra “turista”, desde nuestra comunidad, se podría haber hecho el esfuerzo para reunir, en formato físico o digital, los volúmenes principales y de mayor relevancia de todos aquellos autores que iniciaron y desarrollaron esta potente actividad. Definitivamente, no hay ningún motivo por el que el turismo esté únicamente asociado a la cultura de masas o baja cultura, sino más bien todo lo contrario. Una biblioteca especializada hubiese contribuido a difundir una literatura que continúa estando dispersa y que, por tanto, no resulta fácil consultar o leer. Al tiempo que también podría despertar el interés del visitante por el poderoso influjo y protagonismo ejercido desde nuestras pequeñas Islas en la configuración de esta importante industria.
Nunca nos faltan edificios emblemáticos pendientes de encontrar algún tipo de utilidad, tampoco personas con la formación suficiente para desarrollar el proyecto. Y mucho menos se ha carecido de los recursos económicos necesarios. Así, con la simple decisión de llevarlo a término se hubiese dado un paso fundamental para prestigiar nuestra principal actividad, uniendo de forma visible y evidente las palabras “turismo” y “cultura”.
Ahora puede parecer que la digitalización resta importancia a la existencia de las bibliotecas. Sin embargo, si esa Biblioteca Central del Turismo llevase tiempo funcionando, probablemente, habría ya reunido los volúmenes suficientes como para convertirse en una pieza esencial a la hora liderar la transformación de los textos a los nuevos formatos con todo lo que ello comporta.
Quizás una acción de este tipo no hubiese evitado la turismo-fobia de los sectores más recalcitrantes de nuestra comunidad. Sin embargo, sí es seguro que hubiese contribuido a otorgar una nueva dimensión al hecho de tener tiempo de ocio y pasarlo en lugares diferentes del propio.
En cualquier caso, y a pesar de que pueda parecer que ahora ya es un tanto demasiado tarde, quizás el proyecto se podría actualizar a la era del 5G, con la gran ventaja de que las nuevas tecnologías podrían permitir superar muchas de las barreras físicas que lo podrían lastrar, incluida la más básica: la idiomática.

