Estamos inmersos en una crisis económica de carácter estructural, es decir, derivada del cambio en algunos de los parámetros en los que se ha fundamentado la actividad productiva, tanto a nivel internacional como a nivel local.
En el panorama internacional se puede observar como el centro económico del mundo se está trasladando desde el Atlántico al Pacífico, a la vez que simultáneamente, un mayor número de seres humanos quiere participar de las mejores condiciones materiales que permiten los sistemas económicos capitalistas.
Mientras que a nivel local algunos sectores no dan ya más de si, y casi todos requieren de algún tipo de reorganización.
Ante este cambiante panorama, tanto internacionalmente, pero sobre todo localmente, sólo la innovación y la creatividad empresarial schumpeteriana, permitirán afrontar los nuevos tiempos, reorientando la economía. Se puede salir la crisis incluso con mayor fuerza.
Apostar por la innovación y la creatividad empresarial significa que la inversión pública ha de facilitar el proceso de transformación, haciéndolo más fácil a la competencia, y ayudando a mejorar la productividad. Lo que, a su vez, obliga a maximizar la rentabilidad social de todas y cada una de las inversiones que se realicen.
Sabemos que la principal materia prima de la economía es el conocimiento, por lo que es necesario maximizar y optimizar las inversiones en educación y en formación. De hecho, la educación y la formación constituyen el único factor real que permite luchar contra el desempleo. Y que además, propicia el aumento de sueldos y salarios. Algo que no es nuevo, pues históricamente sólo la elevación del nivel de formación de los trabajadores ha contribuido a aumentar los sueldos.
De igual forma también sabemos que la economía es interrelación entre personas, por lo que debemos contar con unas infraestructuras que nos permitan la máxima conectividad entre nosotros y con el resto del mundo; de una forma eficiente reduciendo el consumo energético y nuestra dependencia del petróleo.
Educación e infraestructuras, y por supuesto salud, deberían ser los principales capítulos hacia donde orientar la inversión pública al objeto de facilitar la salida exitosa de la crisis. Los estímulos deben tener también un objetivo a largo plazo pensando en la prosperidad de nuestros hijos.
Por otro lado, la inversión privada es la que crea empleo productivo y sólido, por lo que el incremento de ésta debe ser, así mismo, uno de los objetivos que debe marcase todo gobierno, incluido el nuestro. No hay que olvidar que los capitales fluyen hacia aquellos lugares en donde las instituciones y las normas son adecuadas y estables. Pues no hay mejor economía que la de mercado, y no hay economía de mercado sin garante. Y, sin duda, el mejor garante puede ser el Estado.
Sin embargo, conviene que la garantía sea lo menos onerosa posible. La estabilidad institucional debe procurar la seguridad jurídica que toda visión de futuro necesita. En definitiva, es cierto, que hoy por hoy, la riqueza de las naciones reside en su capital intangible.
Evitar normas que supongan trabas innecesarias, costosas o que generan incertidumbre a la acción empresarial, que desincentivan la creatividad y la innovación, que permite el mejor aprovechamiento de los recursos, es poner los medios para que nuestras empresas, actuales o potenciales, aumenten sus cuotas de participación en los mercados, y que sean capaces de abrir otros nuevos, muchos de los cuales ni siquiera somos capaces de imaginar.
Una economía capaz de confiar en si misma mediante sus empresas, puede y debe apostar por un sistema productivo de altos salarios a todos los niveles. Ya que éstos son la consecuencia del aumento de la competitividad basada el incremento general de la productividad. Es por esto que apostar por las empresas competitivas es apostar por la mejor de las salidas a la crisis.
El riesgo de no actuar de esta forma es entrar en una larga fase de estancamiento económico, que se prolongue más tiempo que el de las economías de nuestro entorno. De ninguna manera podemos quedarnos con los brazos cruzados. El resto del mundo se está transformando y no podemos quedarnos atrás. El tiempo perdido no se recupera.
Todavía tenemos la oportunidad de apostar por el caballo ganador. No la deberíamos dejar pasar.