domingo, 24 de agosto de 2014

Los terratenientes británicos y la derogación de la Ley de Granos en 1846. Consecuencias de las reformas electorales.

Uno de los impuestos más curiosos de todos los tiempos fue el IMPUESTO POR CHIMENEAS O ESTUFA que afectaba a los manofactureros británicos de finales del siglo XVII, y que fue abolido en 1689. Ya que a partir de entonces en vez de recaudar por chimeneas se comenzó a gravar la propiedad de la tierra. Los terratenientes perdían poder a costa de los nuevos industriales.

El cambio consiguiente en el poder político movió tendencias, aunque no del todo. Hay que esperar a 1846 para que se derogue la odiada Ley de Granos, demostrando que la destrucción creativa significa redistribución no sólo de renta, sino también de poder político.

La derogación de la Ley de Granos fue una de las primeras consecuencias de la reforma electoral británica. Una reforma que se concedió porque las élites pensaron que era la única forma de garantizar su continuidad.

El movimiento "cartista" inició una campaña por el sufragio universal en 1838. Tomó el nombre de la "Carta del Pueblo" evocando a la Carta Magna.

Recordemos que la Ley de Granos prohibía la importación de cereales a fin de mantener sus precios elevados y garantizar los enormes beneficios lucrativos de que gozaban los grandes terratenientes, tal como nos muestran las historias narradas por Jane Austen.

Sin embargo, tras la reforma electoral, los nuevos parlamentarios de Manchester y Birmingam querían maíz y trigo baratos para poder mantener los sueldos bajos. No importa añadir que estaban muy ligados a la industria textil. En cualquier caso, los dirigentes sindicales apoyaron la campaña empresarial contra la imposición de aranceles a los cereales y otros alimentos.

La derogación de la Ley produjo sus efectos al permitir la importación de tan esenciales materias primas, los precios de los principales alimentos descendieron los suficiente como para considerar que las amenazas malthusianas habían pasado. Incluso hay quien sostiene que la terrible hambruna irlandesa no se hubiese producido sin el concurso de esta Ley.

Los terratenientes iniciaron un largo proceso de decadencia. A la vez que el liberalismo económico ganaba posiciones incubando la explosión de actividad y prodigios de finales del siglo XIX y principios del XX.

El encargado de la deregación de la Ley fue Robert Peel quien, durante su mandato (1834-1835 y 1841-1846), permitió el libre comercio, y además de eliminar la Ley de Cereales acabó con las Leyes de Navegación que obligaban a que las importaciones a Inglaterra se realizaran con barcos británicos. Además, hizo desaparecer muchas tarifas y estableció tratados comerciales con Francia y otros Estados. Incorporó la doctrina de la famosa cláusula de "nación más favorecida", según la cual los beneficios concedidos a un determinado país se debían hacer extensivos a todos los demás.




Su ejemplo, se extendió como un virus que incoaba prosperidad por allí por donde pasaba. La década de los prodigios de la segunda mitad del XIX le debe mucho a Peel.

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