martes, 29 de septiembre de 2020

EL FENÓMENO GLORIA ÁLVAREZ

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EL FENÓMENO GLORIA ÁLVAREZ

Si con la radio y la televisión la dimensión informativa de la política era nacional, ahora con las redes sociales es idiomática. Eso explica, en parte, que el populismo, o socialismo del siglo XXI, hispanoamericano haya aterrizado, con fuerza, en España de la mano del tándem Sánchez-Iglesias.

Así que, de igual manera, es más que posible que la respuesta a esa empobrecedora corriente política también venga del otro lado del charco. Al menos así apunta el fenómeno Gloria Álvarez. Se trata de una joven y mediática politóloga guatemalteca afincada en México, de sólida formación y verbo arrollador, que ha alcanzado fama internacional mediante la presentación en youtube de los varios libros “best-sellers” de los cuales es autora o coautora. Además, aunque le faltaba más de un lustro para alcanzar la edad mínima de 40 años que la Constitución de Guatemala establece para ser candidato oficial a la presidencia del país, decidió participar en la última carrera presidencial de 2019 para dar a conocer sus propuestas reformistas a través de las redes.

Sus videos muestran su envidiable manejo del español, su fresco aspecto juvenil y, sobre todo, su potente argumentario liberal y anti-populista-socialista. Están causando, no sólo asombro, sino también numerosos nuevos adeptos a las ideas libertarias. Suele comenzar desenmascarando el origen del neo-populismo actual que sitúa en la orfandad que se crea entre los movimientos de izquierda tanto, la caída de la URSS, como la desaparición de casi todas las dictaduras americanas. A partir de 1989, reunidos Castro, Lula y otros en Sao Paulo, diseñan una estrategia para alcanzar el poder mediante la introducción de emociones sencillas en las contiendas electorales que desplacen el debate racional. El plan comienza fomentando un odio que divida a la sociedad, una multitud de promesas que pueden cambiar dependiendo del auditorio receptor con el nexo común del aumento de los empleos estatales que les permita extender la red clientelar y la ocupación de todas las instituciones incluidas las judiciales, educativas, informativas, empresariales, sindicales o las fuerzas armadas. Así, el líder, que siempre habla en nombre de todo el pueblo, alcanza un poder sin apenas limitaciones.

A ese populismo Álvarez contrapone la República en su sentido cívico (no en el revanchista de Sánchez-Iglesias), es decir, la unidad social a través del refuerzo de los derechos individuales, incluido el de la propiedad. Profundizar en la división de poderes mediante una mejora de la representatividad de los cargos electos y del funcionamiento de la justicia; una prensa alejada del gobierno;  respecto escrupuloso a las minorías, cuya mínima expresión es la propia persona; una educación que en vez de seguir consignas de pensamiento único acepte la diversidad; una economía con mercados competitivos, y por tanto sin los gremiales privilegios (ley privada) que con frecuencia se derivan de muchas regulaciones y del exceso de Estado; y en lo social, la despenalización de la prostitución, las drogas, la eutanasia, etc.

En definitiva, considera que el eje izquierda versus derecha ha quedado superado por el del social-populismo versus república cívica. Lo hace con un discurso que es igual de atractivo tanto para Guatemala, como para Argentina, México, Uruguay, Ecuador, Brasil, Venezuela, etc. o, ahora, España. Por lo que vale la pena estar muy atentos a la trayectoria de esta brillante divulgadora que no milita públicamente en ningún partido de ningún país, aunque muchos serían los que la querrían ver en sus filas.

En cualquier caso, de momento todo aquel que esté inquieto por el avance del populismo y sus tristes consecuencias puede leer sus libros o acudir a youtube y teclear “Gloria Álvarez Cross”, percibirá un discurso novedoso, aunque basado en contrastados valores sociales que, quizás, le hagan recobrar la fe en la política de nuestro tiempo.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Fracaso

FRACASO

"Fracaso" es la palabra que mejor describe la actuación gubernamental de la protección contra el covid-19. Un fracaso con tasas comparativas elevadas de contagios y muertes, que ha dado rienda suelta al miedo colectivo, a la supresión de derechos civiles, al abuso del “mando y ordeno”, al incremento abismal de la desigualdad, y a la ruina económica. Se ha manipulado la información desde instancias de poder y se ha hurtado el debate científico y la duda razonable. No ha habido lugar relevante ni para la discrepancia democrática ni para la científica. La Unión Europea no ha podido realizar una coordinación eficaz entre las naciones que igualase actuaciones y resultados. Los fallos del Gobierno español y del Govern autonómico han desembocado en unas asimetrías que hacen de España y de Baleares el país y la comunidad respectivamente más dañados en conjunto.

Este oscuro episodio sanitario-económico ya está provocando un sufrimiento humano varias veces mayor que el de la anterior Gran Recesión. Y eso que no se puede considerar que una pandemia sea un “cisne negro” (un acontecimiento imprevisible), puesto que todas las especies animales -los humanos somos una más- padecen alguna en algún momento. Por lo que no es del todo cierto que nos haya cogido tan de sorpresa, y lo es mucho menos en cuanto en los últimos años ya habíamos tenido varias amenazas serias.

Sin duda, una parte del espectro político dirá que han faltado recursos, pero eso es solo una excusa de mal pagador incapaz de desarrollar una gestión eficaz. Sobre todo cuando no han escaseado recursos, aunque sí escrúpulos, para convertir el gasto público en gasto político. Si en la bonanza el ahorro es siempre prevención, el déficit es imprevisión. A todas luces esta es una de las causas de la asimetría de resultados entre países y regiones.

El menosprecio ideológico hacia las reglas de la economía conduce a la falsa dicotomía que la contrapone con la salud. Una mala idea que está en el origen de algunas actuaciones de trazo grueso, torpe y en ocasiones contradictorio que han acabado dañando gravemente, aunque de forma muy desigual, al tejido productivo empresarial y laboral. Tan cierto es que las economía tiene que fortalecer el sistema de salud, como que el sistema de salud tiene que hacer lo propio con la economía. Son dos dovelas de un mismo arco.

En cualquier caso, la actual coyuntura crítica nos vuelve a poner sobre viejas disyuntivas: ¿Queremos un sistema político con representantes preparados o de cuota?, ¿Una educación que promueva la excelencia con autonomía intelectual o que fomente la igualdad también de pensamiento?, ¿Unos gobiernos que pongan más énfasis en el crecimiento inclusivo o en reivindicar más fondos a instancias superiores?, ¿Unos medios de comunicación de masas independientes o seguidores de dogmas?, etc. Desafortunadamente, quizás, ya hemos elegido.


jueves, 24 de septiembre de 2020

Por fin un poco de cordura entre tanto abuso e histerismo covid

 infobase


Jayanta Bhattacharya, profesor de salud pública de Stanford: “No nos tienen que preocupar 50.000 casos de coronavirus si no causan muertes”

Dirige el Centro de Demografía de la Salud y el Envejecimiento de la universidad californiana y es autor de tres estudios sobre la presencia de anticuerpos en la población estadounidense. Preocupado por los costes sociales del confinamiento, propone una estrategia diferenciada por edad y cuestiona la utilidad del testeo masivo y el rastreo de contactos en este momento de la pandemia

martes, 22 de septiembre de 2020

CONSECUENCIAS NO INTENCIONADAS

Consecuencias no intencionadas mallorcadiario.com

Los economistas denominan “consecuencias no intencionadas” a aquellas decisiones gubernamentales que, a pesar de su aparente buena intención, tienen un resultado calamitoso al despreciar las causas esenciales del problema que se quiere abordar, y solo actuar sobre los más visibles síntomas, con la finalidad de facilitar la “venta política” inmediata.

El ejemplo más manido es el de la limitación de precios mediante el Edicto promulgado por el emperador romano Diocleciano en el año 301. Ante las imparables subidas de precios estableció un tope para 1.000 productos básicos (grano, carne, cerveza, abrigos, sandalias etc.) con la finalidad de evitar el descontento del populacho. En la misma ley estableció la pena de muerte para acaparadores y especuladores en un intento de trasladarles la responsabilidad de la inflación.

El Edicto calmó los ánimos cuando se anunció, pero su implementación no consiguió detener la escalada de precios, añadiendo además un dramático episodio de desabastecimiento de trascendentales dimensiones, pues los mercaderes dejaron de vender, al igual que los artesanos dejaron de producir. Ciudades enteras entraron en una decadencia que no se detendría hasta el hundimiento total del Imperio.

La realidad acabó demostrando que el populista Diocleciano, no quiso aceptar que la auténtica causa de la inflación era el exceso de gasto público, financiado con la acuñación de nuevas monedas de progresivo menor valor metálico.

Pues bien, es más que posible que las normas anti-covid dictadas en el conjunto de España, y en Baleares, estén plagadas de “consecuencias no intencionadas”. Y que este sea el auténtico origen del monumental fracaso cosechado. De hecho, muchas de esas normas han despreciado las consecuencias económicas y sociales que conllevan, al no centrarse en identificar a las personas realmente afectadas.

En vez de focalizar la acción gubernamental preventiva en ayudar a la población de riesgo y a los afectados a mantenerse aislados, quizás hasta llevándoles los alimentos a sus domicilios durante su cuarentena, se ha preferido confinar a todos, a destiempo y por un periodo excesivo, mediante “mando y ordeno” impidiendo a los sanos seguir con su vida ordinaria, lo que puede ser especialmente demoledor en actividades económicas informales o cuasi-informales que carecen de cualquier tipo de protección. ¿Se genera así un incentivo no intencionado a no actuar conforme a las normas? Es muy posible que así sea a la vista de las zonas con más rebrotes.

Al mismo tiempo la proliferación de normas, contra-normas y más normas que se han dictado, acompañadas en algunos casos de falsedades oportunistas, son, desde luego, el origen de la consecuencia no intencionada de la brutal pérdida de credibilidad de los gobernantes e, incluso, del propio Estado que encarnan. El desprecio de ministros, consellers, y presidents al arraigado sentido común y sensatez del 98% de la población ha hecho evidente la falta del mismo de muchos de ellos, provocando otro poderoso incentivo a relajarse en el cumplimiento de algunas normas, por confundir las correctas y las incorrectas.

En definitiva, aunque el gobierno no quiera auditorías que analicen los motivos del fracaso de su gestión, poco a poco habrá economistas, u otros profesionales, que irán estudiando todas y cada una de las normas promulgadas para hacer frente al covid-19 desde la perspectiva de las consecuencias no intencionadas. Quizás sea entonces cuando descubramos, como ocurrió con Diocleciano, que sí en Baleares o España se han producido peores resultados que en otros lugares no es por un defecto de carácter de sus gentes, sino porque sus gobiernos han preferido el populismo de atacar los síntomas antes que las causas.

martes, 15 de septiembre de 2020

LIBERALES, FUNCIONARIOS E INCENTIVOS

 mallorcadiario.com

LIBERALES, FUNCIONARIOS E INCENTIVOS

La economía es la ciencia de los incentivos. De hecho, así como los ingenieros se dedican a estudiar cómo dominar las fuerzas de la naturaleza, los economistas intentan descubrir el inmenso poder, no siempre evidente, de los incentivos. Lo cual resulta especialmente interesante para el gobernante, quien de esta forma puede contar con un criterio objetivo para valorar la utilidad social de sus actuaciones y normas.

Por ejemplo, uno de los primeros derechos fundamentales de las constituciones democráticas más exitosas es el de la propiedad. Ya que esta institución es la que permite a los individuos recoger el fruto del propio esfuerzo, incentivando el trabajo que contribuye a la prosperidad de toda la comunidad. Es por eso que sin su protección siempre deviene la decadencia, tal como se puede observar en todos aquellos países en los que las expropiaciones arbitrarias están a la orden del día.

La libertad de precios en las transacciones es otro magnífico ejemplo de incentivos positivos. Si esa libertad no existe, por estar regulados, éstos serán excesivamente bajos cuando el gobernante-regulador quiere favorecer al votante-consumidor, y demasiado altos cuando lo que pretende es conseguir el apoyo de los productores.

En el primer caso se dictan “precios máximos” que desincentivan la oferta, como cuando se fijan topes sobre alquileres. Una actuación que siempre termina en desabastecimiento. En el segundo, se establecen “precios mínimos”, como ha podido ser el caso de algunos productos agrícolas, lo que crea un incentivo a producir en exceso, teniendo que afrontar los costes y la gestión de almacenar los excedentes. Sólo la libertad de precios garantiza que se produzca lo que se consume, sin excesos ni defectos, a los precios más bajos realmente posibles. Una garantía para la prosperidad.

Un ejemplo más, de otro incentivo que conlleva a la generación de riqueza para todos, es el de la libertad de creación de empresas que inicia el proceso de “destrucción creativa”. Cuando ésta existe, no se desaprovecha la oportunidad de ocupar un nicho de mercado que atienda a alguna de las necesidades del público. Mientras que si se regula con el requerimiento de licencias que establezcan cupos o incluso monopolios, como verbigracia ocurre con el caso de las ITV’s se pone en marcha un poderoso incentivo a la ineficiencia que la gente tendrá que pagar en forma de colas, precios elevados y otras incomodidades que dificultan la economía.

Nuestro país es notablemente respetuoso con los derechos mencionados, pero por desgracia el respeto a la propiedad todavía está sensiblemente cercenado por multitud de cambiantes e inseguras normas y tributos. Al igual que no hay temporada en la que algún político demagogo (ahora el Parlament catalán) amenace con precios máximos o mínimos. Y nuestros legisladores, una y otra vez, optan por proteger a los instalados a costa de los que se inician. Además, al mismo tiempo, van mejorando las condiciones de los trabajadores más blindados y con más poder de negociación, en especial, de los empleados públicos.

Si a todo ello añadimos que en España los puestos de mando (diputados, concejales, ministros, directores generales, etc.) se nutren mayoritariamente de funcionarios, o de trabajadores de sectores regulados, no debería extrañar a nadie que cualquier joven mínimamente formado, tenga la ideología que tenga, esté sometido a los incentivos que le lleven a desear formar parte del sector público, o de otro protegido, en vez de optar por la aventura empresarial, aunque sea como empleado.

En cualquier caso, los liberales, funcionarios o no, son aquellos que consideran que las distorsiones en estos incentivos son uno de nuestros principales problemas. Sobre todo, porque el sector público vive de lo que produce el privado.

 

 

martes, 8 de septiembre de 2020

CAMISETA OBLIGATORIA

 CAMISETA OBLIGATORIA mallorcadiario.com

 Sería muy conveniente que, este próximo otoño-invierno, el Govern se planteara seriamente el uso obligatorio de la camiseta para toda la población, los días en que el termómetro desciende por debajo de una determinada temperatura que podría variar dependiendo de las franjas de edad de cada colectivo. Para ello tendría que dictar los oportunos protocolos y publicitarlos, no sólo en los medios habituales, sino también a través de la megafonía de los coches y motos de las patrullas policiales, desde los helicópteros de vigilancia o mediante altavoces de nueva instalación. Por supuesto, la locución sería exclusivamente en catalán con una agradable, aunque contundente y autoritaria, voz femenina.

 Ciertamente, tan pronto comiencen a descender las temperaturas aumentará el riesgo de contraer resfriados, que en los casos extremos pueden convertirse en gripes. Una dolencia que en plena pandemia de coronavirus se vuelve especialmente inconveniente, pues además de que muchos de sus síntomas se pueden confundir, sobre todo, resta efectivos humanos y recursos materiales para combatir el Covid-19. El Govern, como parte de su responsabilidad en la lucha contra el maldito bicho, también tiene que estar atento al del constipado común.

 El resfriado es una infección viral de la nariz y la garganta, es decir, del tracto respiratorio superior. Se trata de un virus que puede propagarse a través de gotículas que entran en el cuerpo por la boca, la nariz o los ojos. También lo puede hacer por el contacto mano a mano, o a partir de objetos contaminados, de alguien contagiado.

Entre los factores de riesgo está la edad, las enfermedades crónicas previas, el tabaquismo, la mayor exposición (pasar más tiempo en espacios cerrados compartidos) y, de forma especial, el debilitamiento corporal ligado a las bajas temperaturas que provocan una disminución de las defensas inmunológicas. Para evitarlo es importante lavarse las manos con frecuencia, eludir el contacto con personas afectadas, así como abrigarse de forma suficiente. Y es aquí donde entran en juego las camisetas, pues su simple uso contribuye a mantener en mejores condiciones el sistema inmunológico.

Como seguramente los más jóvenes serían los más reacios a la utilización de esta prenda, por motivos de moda, estéticos o de inconsciencia, el Govern tendría que vigilar a este colectivo con particular atención. Además, suelen ser los más propensos a saltarse las normas dictadas de forma rápida e improvisada. Una actitud que los convierte en responsables esenciales de la difusión del inconveniente resfriado. Dado su bajo poder adquisitivo también habría que diseñar un reglamento punitivo que genere una disuasión efectiva y real de tales actitudes, evitando que las sanciones se trasladen a sus progenitores.

La camiseta obligatoria no terminará con los catarros, pero ciertamente, puede ayudar a disminuir su incidencia. Por lo que en un momento tan grave como el actual parece estar sobradamente justificado, que, dentro del creativo abanico de nuevas normas dictadas por los ejecutivos autonómicos, se incluya el uso de esta pieza de ropa interior que tan solo resta una mínima libertad de vestimenta.

Desde luego, todo lo dicho nos puede parecer una absurda ocurrencia, pero no hay que descartar que serían muchos los que aceptarían la nueva obligación como una medida más en consonancia con otras muchas. Con la gran ventaja que muchos responsables gubernamentales podrían sentir que sus puestos de mando quedan más justificados. Esta es la sociedad y la política que tenemos.

martes, 1 de septiembre de 2020

Un mallorquín en Hacienda

 

UN MALLORQUÍN EN HACIENDA  mallorcadiario.com

En los años finales del siglo XVIII e inicios del XIX, una vez más, el Estado bordeaba la bancarrota. La sempiterna mala administración de las finanzas públicas con sus voluminosos déficits, su asfixiante deuda, el sostenimiento de guerras imposibles y una economía ineficiente por la falta de modernización de las instituciones y las normas, conducían a la nación hacia un irremediable “default”.

Para evitarlo, el mallorquín Miguel Cayetano Soler y Rabassa elaboró el informe “Estado de la Real Hacienda” de 1798. Dada su condición de ministro lo elevó a la consideración del monarca Carlos IV dos años más tarde, consciente de la necesidad de recabar los máximos de apoyos a la hora superar las muchas las dificultades que surgirán, por tocar con su plan intereses de las capas más influyentes de la sociedad del ancien régime, los lobbies de la época.

Por ello, también fue muy cauto en sus propuestas dada además su total aversión, como buen economista, a la introducción de nuevas medidas impositivas. De hecho, declaró en varias ocasiones que "los tributos detienen los progresos de la riqueza pública". Acertadamente consideró que el mayor peso del ajuste tenía que recaer en la amortización de las propiedades en “manos muertas”, para que pudiesen ser utilizadas en la mejor de las alternativas productivas, e igual importancia otorgó al control de los excesos de gasto público. Dicho en lenguaje actual su plan consistía en combinar el rigor presupuestario, con el inicio de un proceso reformista liberalizador.

Ocurre que una medida de este tipo suele ser beneficiosa para el conjunto de la economía y de la sociedad, pero casi siempre afecta desfavorablemente a algún sector o conjunto de personas, quienes probablemente intentarán convertirse en grupo de presión.

La reacción en contra de los afectados es lógica, sobre todo, si la reforma afecta a un sector y no a los demás. Es por esto que el impulsor de tal política, de ninguna manera puede ser un ministro o conseller, sino que tiene que serlo el propio Presidente involucrando a todo el gobierno.

Soler concibió y redactó su plan cuando accedió a la alta magistratura de Secretario de Estado del Despacho de Hacienda (Ministro) de la mano de su maestro y mentor Cabarrús, encuadrado en el sector aperturista y modernizador de Jovellanos. Justo en el momento en que el oportunista Godoy salió de la jefatura del gobierno por su oposición a los vientos transformadores que soplaban desde Francia.

Aunque, como era de esperar, el ventajista “Príncipe de la paz” no tuvo ningún inconveniente en modificar 180 grados sus posturas para volver a recuperar el poder al cabo de poco tiempo. El seductor y trilero Godoy, en este segundo mandato, le propuso al mallorquín permanecer en su puesto para avanzar en las líneas por él diseñadas. Soler, tal vez guiado por su vocación de leal servidor público, se equivocó aceptando continuar en el cargo.

Porque si el jefe del gobierno, en realidad, acepta la puesta en marcha de un proceso reformista únicamente de cara a la galería para ganar algún apoyo inicial a su nombramiento, lo traicionará tan pronto aparezcan las primeras dificultades. Y eso fue lo que le ocurrió al desgraciado Soler quien no solo cayó, junto con su arribista jefe, sin alcanzar sus objetivos, sino que, además de ser acusado injustamente de corrupción, como la gente lo identificaba como el autor del tributo conocido como “cuartillo del vino” fué vilmente asesinado estando en la vinícola población de Malagón en 1808.

La historia es, sin duda, una gran reserva de conocimiento, y la aquí expuesta se ha repetido tantas veces que puede estar incluida en los manuales de todo gobierno. Hacer reformas es tan difícil que no basta con un buen plan, hace falta un buen gobierno.

martes, 25 de agosto de 2020

CONJURAR EL VIRUS DEL MIEDO

 CONJURAR EL VIRUS DEL MIEDO

mallorcadiario.com

 Existe un virus más potente y letal que el Sars-CoV-2, capaz de destruir nuestra forma de vida por completo: el virus del miedo. Sus efectos paralizantes, antisociales y anti-solidarios, lo arruinan todo a su paso al dañar las células de la confianza entre seres humanos. Este otro peligroso bicho puede encontrar, en la deficiente actuación del gobierno y otras autoridades, el caldo de cultivo necesario para su expansión.

 La gestión realizada de la pandemia que ha derivado en una monumental y, mal repartida, crisis económica puede acabar agitando una histeria colectiva que haga aflorar conflictos sociales hasta ahora desconocidos.

 ¿Por qué desde los poderes públicos se ha administrado mal la información?, ¿Por qué se ha dictado una profusión de nuevas normas y contra-normas, no siempre coherentes, simples y asumibles, tal como requiere la situación?, ¿Por qué, en definitiva, se ha añadido leña al fuego de la incertidumbre que de por sí conlleva la pandemia?

 Quizás la explicación la podemos encontrar en las enseñanzas de Jeremy Bentham quien sostenía que existe un “egoísmo de los gobernantes” por el cual anteponen su propio interés a cualquier otro incluido, por supuesto, el del bien común. Es por eso que las democracias de éxito se basan en una escrupulosa limitación del ejercicio de la autoridad, mediante un perfeccionado sistema de “checks and balances” que, al incluir a los mass-media, se combina con una cierta y generalizada actitud recelosa para con cualquier poder.

 El filósofo británico siempre se negó a aceptar la contradicción, frecuente entre la izquierda, que supone pensar que mientras empresarios y ciudadanos buscan su propio interés en sus conductas privadas, los políticos, alternativamente, siguen un comportamiento altruista.

 En este sentido, el objetivo del presidente Sánchez es, sobre todo, afianzarse en su puesto de mando. Aprovechado la oportunidad que le brindaba la enfermedad para redoblar su permanente campaña de marketing, a través de su desequilibrado poder de influencia en los más potentes medios de comunicación, mostrarse como la encarnación de la imagen del Estado del Bienestar, ya que éste, en teoría, ofrece seguridad ante las adversidades. Su idea esencial ha sido prometer a su electorado, y al público en general, la esperanza que demandaban. Sin embargo, el exceso de acento puesto en la propaganda le ha llevado a no tener inconveniente en utilizar el engaño, la mentira, la tergiversación o la incoherencia.

 De hecho, nunca ha querido admitir la realidad de su total desorientación, ni la incapacidad del Estado del Bienestar para cumplir sus objetivos de forma inmediata, ni la existencia de formas alternativas de afrontar el problema. Ha preferido “vender” una imposible seguridad absoluta, lo cual puede estar teniendo el efecto contrario e indeseado de nuevos rebrotes y más caos.

 Tan sólo hay que tener miedo al miedo” proclamó en 1933 el presidente Roosevelt para conjurar la terrible crisis social de su época. Pero para conseguirlo hay que reconocer la realidad con todas sus limitaciones y compartir las dificultades diciendo siempre la verdad. Estar gobernados por una agencia de publicidad con amplio dominio de los medios tiene sus peligros.

martes, 18 de agosto de 2020

DECRECIMIENTO BALEAR

 

DECRECIMIENTO BALEAR mallorcadiario.com

Los datos económicos del próximo trimestre mostrarán un rebote de la actividad, es decir, volveremos a ver crecimiento. El Govern, seguramente, aprovechará la ocasión para activar sus terminales mediáticos atribuyéndose un éxito que en realidad no será tal. La matemática simple esconderá una realidad muchísimo más dura. Pues, Baleares ya ha empezado a perder población, y la tendencia previsiblemente durará en el tiempo. Decenas de miles de baleares que se han quedado atrás, poco a poco, se irán de forma definitiva. Un fenómeno desconocido para las últimas generaciones.

El decrecimiento demográfico mantenido nos conducirá a reducción del valor de muchos activos, sobre todo de los equipamientos empresariales (locales, instalaciones, etc.), ya que nadie estará interesado en volverlas a poner en funcionamiento. Además, con menos actividad y habitantes las empresas que continúen trabajando también verán disminuida su facturación y, como consecuencia, los salarios se ajustarán de una u otra forma.

El sector público se convertirá en el gran refugio para guarecerse del temporal, serán muchos los que intentarán formar parte de sus plantillas. Sin embargo, la recaudación tributaria se reducirá drásticamente por lo que el Govern, de forma abierta o soterrada, se verá abocado a una fuerte reducción de sus gastos. Este desequilibrio llevará a elaborar presupuestos en los que la inversión pública -ya muy mermada desde la anterior crisis- roce el cero más absoluto, de forma que también los proveedores habituales igualmente se verán afectados.

Se deteriorarán, todavía más, las cifras de nupcialidad y natalidad. Pues muchas parejas aplazarán sus planes de vida, optarán por realizarlos en otros lugares o sencillamente desistirán. La prosperidad de Palma, como gran motor del archipiélago, siempre ha estado correlacionada directamente con el número de extranjeros que la habitan, por lo que pasará a vivir una época insólita de falta de empuje.

Se acelerará la pérdida de puestos en el ranking de CCAA. Lo que llevará a que el sistema de financiación autonómica se revierta, de manera que la Comunidad pasará a ser receptora de fondos autonómicos, aunque de forma escasa dada la situación del conjunto de la nación. Mientras que España, a su vez, también descenderá posiciones en el concierto internacional consecuencia de la fracasada gestión realizada.

Es cierto que pueden llegar fondos europeos, y también inversionistas privados, ya sean colectivos o individuales, o incluso se podrían movilizar recursos locales, pero eso requerirá la introducción de importantes reformas liberalizadoras y flexibilizadoras de la economía, sin las cuales solo se puede invertir en lo que ya existe que es justamente lo que está perdiendo valor. Sí, sólo iniciando un potente proceso reformista, transparente y seguro, que permita la adaptación, modernización y el trasvase de recursos entre sectores y subsectores, así como crear otros nuevos atractivos para el capital, se puede revertir el negro panorama descrito.

Sin embargo, no invita al optimismo el que haya que comenzar reformando la dinámica del actual Govern de regular y prohibir primero, para controlar y sancionar (o no) después. Ese va a ser el principal escollo para permitir volver a recuperar el tradicional pulso empresarial creador de la comunidad. Si la política no se enfrenta con decisión y claridad a lo real, estamos abocados a revivir tiempos que hasta ahora considerábamos muy remotos.

martes, 11 de agosto de 2020

LA DERECHA Y LOS MITOS DE LA IZQUIERDA

 mallorcadiario.com

LA DERECHA Y LOS MITOS DE LA IZQUIERDA.

Quien controla la máquina de fabricar mitos tiene en su mano la palanca del poder. Y en estos momentos, en España, sólo los nacionalistas, y la izquierda identitaria son los únicos capaces de crearlos. Por su parte, la derecha española ha dejado este terreno abandonado, bien por confiar en la importancia de centrarse en la gestión eficaz de los asuntos públicos con sus tecnócratas, bien por considerar que determinados sectores (cultural, educativo, intelectual, artístico, etc.) son votantes típicos de la izquierda.

 Un monumental error, ya que la política es, sobre todo, gestión de emociones. Pues la emoción es la técnica que empleamos los seres humanos para simplificar las cuestiones complejas. Seguramente, la ilusión es la más importante de todas ellas. No es ni el ser, ni el saber, ni tampoco el tener lo que otorga felicidad a los hombres, sino la esperanza de evitar los males y alcanzar mejores situaciones futuras.

Los nacionalistas, con paciencia, han ido tejiendo, entre otros, el mito de la independencia con ese ánimo de hacerse portadores de esperanza por muy falaz que sea. La izquierda identitaria, con más ansiedad, está priorizando crear ahora la fábula de la república como en otros tiempos ya lo hizo con el de la revolución.

La fabricación de mitos requiere de la existencia de redes que compartan la información argumental mediante nodos que tengan los incentivos oportunos para hacerlo. De ahí la importancia que los nacionalistas otorgan a las subvenciones a entes culturales, sindicales, empresariales, tv's, museos, certámenes, festivales, premios, hinchas de fútbol y de cualquier otro tipo, con la única condición de la promoción del idioma como gran seña de identidad. Y lo mismo se podría decir de las grandes cantidades que la izquierda destina a los colectivos identitarios, como feministas de hoy en día, los colectivos LGTB afines, los ecologistas primarios, etc. Con ello consiguen una capilaridad social que decanta el llamado “pensamiento grupal” hacia donde desean.

Para recuperar terreno desde la derecha en la oposición, no se puede contar con los ingentes recursos que otorga el ocupar puestos de mando, por tanto, tendrían que ser mucho más eficaces con partidas mínimas, aunque con la gran ventaja de que muchas de sus ideas liberales están engarzadas en la esencia más profunda del pensamiento occidental. Además de tener de aliada la teoría económica más exitosa, así como a la gran cultura con mayúsculas y la propia ética de la libertad.

Por supuesto, la labor de oposición consiste en denunciar los errores del gobierno. Pero si no se es capaz de manejar el cincel de la mitología, nunca se alcanzará de verdad el poder. Reduciendo la labor de la Derecha a convertirse en el taller de reparaciones de la deficiente gestión de aquellos que practican el arte de eludir la realidad.

En definitiva, los propios partidos de derechas tienen que reconvertirse en canales de comunicación, ofreciendo a sus seguidores no sólo contenidos netamente ligados a la propia actividad política, sino también enlaces a conferencias, debates, e incluso entretenimiento, aprovechando el talento de todos sus militantes y simpatizantes. De manera presencial y remota han de reforzar su carácter de "club social", de forma que sus miembros se sientan parte de esos nódulos con capacidad de generar y transmitir la ilusión y la esperanza en un mundo más humano, justo, seguro, próspero, más auténtico, que vuelva a permitir el funcionamiento de los ascensores sociales y, que en suma y por paradójico que parezca que sea plenamente capaz de distinguir con nitidez entre mito y realidad.

martes, 4 de agosto de 2020

Anomalía electoral balear

Anomalía electoral balear

mallorcadiario.com

En la política autonómica balear se produce una deficiencia que parece que nadie se atreve a ver. El sistema electoral basado exclusivamente en la territorialidad insular, y copiando de forma rígida del nacional, ha acabó generando el absurdo de que Menorca cuente con un diputado más que Ibiza, a pesar de que ésta última tiene entorno a un 50% más de población. Así, el peso electoral de un voto menorquín ronda los cuatro mallorquines, mientras que uno de cualquiera de cada una de las dos pitiusas equivale “solo” al doble de uno de la balear mayor. Por eso se puede afirmar que, si los habitantes de Ibiza exigiesen la misma representación que los menorquines tendrían casi 20 escaños en el Parlament, es decir, podrían añadir 7 u 8 a sus 12 actuales. Una distorsión que tiene importantes efectos sobre los resultados y la acción política de la comunidad.

Sin duda, es cierto que para la mayoría de mallorquines les es grato aceptar, con generosidad, una clarísima sub-representación de sus papeletas por su mucho mayor tamaño. Sin embargo, que el reparto de escaños entre las islas menores sea tan diferente tiene graves consecuencias, al contar éstas con modelos sociales y económicos muy distintos. Así, mientras Menorca ha optado por uno más estático, o menos dinámico, mediante una mayor intervención y regulación gubernativa, Ibiza (y en parte también Formentera) parece seguir el camino contrario. Mallorca, por su lado, está a mitad de camino entre ambas. Incluso se puede afirmar, sin arriesgar demasiado, que la diferente evolución demográfica que está en el origen del problema es consecuencia de esos dos patrones tan dispares.

Por otro lado, no hay diputados que ostenten la representación del conjunto de la ciudadanía balear de forma directa. Es decir, todos son elegidos por la circunscripción de una isla concreta. De manera que se produce un claro sesgo a que éstos vean, analicen y tomen postura de los asuntos a tratar, no desde una perspectiva de archipiélago, sino de isla. Lo cual, a su vez, lleva al desatino de tener que fijar, de facto, una cuota territorial de consellers en el ejecutivo, lo que equivale a decir que es más importante el lugar de origen que la preparación, la trayectoria o el curriculum. Al tiempo que todavía tenemos pendiente la elección de un president no-mallorquín, o incluso, hasta la de un candidato a president no-mallorquín.

Esta falta de adecuación electoral a la realidad del conjunto de las islas, hace que mientras el modelo económico ibicenco es el que proporciona mayores tasas de crecimiento del PIB, y por tanto, mayor recaudación y recursos públicos, a nivel político sin embargo, el que sale mejor parado es el menorquín con un considerable "efecto arrastre" sobre el conjunto.

Sin entrar a valorar si esto es deseable o no, parece que es un tema de la suficiente entidad y relevancia como para merecer un hueco en la agenda del debate autonómico. Aunque desde los tiempos del president Cañellas no se ha vuelto a tratar, ni en ninguna sesión del Parlament, ni casi en ningún foro político a excepción de una tímida incursión realizada por José Ramón Bauzá seguida, a posteriori, por algunos candidatos ibicencos en la campaña de 2015.

Es cierto que el statu quo, con frecuencia, es el valor más apreciado por la ciudadanía y, también que las leyes electorales son las más difíciles de cambiar. Pero el simple hecho de poner tan importante tema en cuestión para su debate sería una muestra de la madurez de la política balear, que quizás, se podría convertir en un referente para las Cortes españolas. Sobre todo, si no se limitara al mero reparto pesos electorales, sino que se profundiza lo suficiente como para que se pudiese alcanzar una mayor eficacia representativa.


martes, 28 de julio de 2020

Política


Política

En las democracias el elector practica lo que se ha dado en llamar la ignorancia racional. Esto es, sabe que obtener la información necesaria sobre las distintas opciones, para llevar a cabo una elección fundamentada, tiene elevados costes en términos de tiempo, dedicación y esfuerzo. También sabe que su solo voto muy difícilmente cambie el resultado de un plebiscito. Por eso acudirá a las urnas con la mínima información que le proporcione, tan solo, su emoción. De igual modo, y por idénticos motivos, también es una tendencia arraigada en los votantes preferir siempre la estabilidad a los cambios. De ahí que los programas electorales nunca mencionan las reformas que se sabe que hay que hacer.

Lo anterior hace que la política sea, en buena medida, el arte de la apariencia, un juego de simulaciones, donde la realidad no es siempre lo que parece. Y también, es verdad, es el arte de lo posible, al estar la acción de gobierno plagada de limitaciones. Así, la principal impostura que se practica consiste en prometer mucho durante la carrera por el poder. Prometer no cuesta nada, y una vez en los puestos de mando se puede aparentar su cumplimiento, o compensar con favores, con cargos públicos o, simplemente, confiar en la desmemoria de la mayoría.

Uniendo estas dos ideas -electores racionalmente ignorantes y el reparto de papeles en el teathrum politicum- se puede llegar a la conclusión que quien marque la agenda, los tiempos, tiene una ventaja capital. Efectivamente, ser capaz de elegir los temas de debate en el pensamiento de los votantes resulta crucial. Hay una gran diferencia entre liderar un tema, ser el primero en ponerlo sobre la mesa, o entrar al trapo con posturas defensivas con posterioridad. Es este tempus el que permite incluso crear y manejar el lenguaje que cambie el marco mental de la gente. Lo cual explica que el partido que ostente el gobierno lo tiene mucho más fácil que el que ejerce la oposición, sobre todo, si ésta pretende ser responsable.

Simplificar al máximo los problemas y sus soluciones, sin duda, facilita que los mensajes lleguen al ignorante racional. Y no hay otro más fácil que el de culpar al oponente de los errores, y atribuirse, sin rubor, cualquier acierto, sea o no verdad. Los políticos nacionalistas lo llevan haciendo desde siempre, atribuyendo todos los fallos a “Madrid”, y poniéndose la medalla de cualquier hecho positivo. O, por su parte, los socialistas, de forma reiterada, intentan vincular a sus opositores con la dictadura de Franco mediante sus muchas acciones propagandísticas.

Como es importante que el político seduzca a todos los sectores, sin despreciar ninguno, adaptará sus discursos a cada “parroquia” sin importar la coherencia entre los mismos. Así, el líder ávido de poder es capaz de decir blanco por la mañana y negro al medio día si cambia de circunstancias o de "feligreses". Así mismo, cómo los votantes tienen consciencia de responsabilidad, resulta imprescindible añadir el adjetivo “social” a cualquier propuesta. Incluso Ludwing Erhard reconoció que pudo obrar el "milagro económico alemán" de posguerra, mediante una contundente liberalización económica, gracias a haberla bautizado “economía social de mercado”.

Otro asunto relevante es el de vender esperanza. La sociedad y los individuos la necesitan. Ahora bien, es mucho más fácil vender una ensoñación que una senda reformista que altere el statu quo, por los motivos arriba señalados. Por ello utopías como la "República" o la "Independencia" tienen tanto éxito.

En definitiva, no se trata de ideología, no se trata de un debate de ideas para una mejora real del cuerpo social. Tampoco se trata de lealtad para con los votantes. Se trata, tan sólo, del poder por el poder. Siempre ha sido así, aunque ahora se alcanzan niveles extremos por haber sido incapaces de cambiar y adaptar los modos del juego político. Pero... ¡Cuidado con el exceso de confianza!, también el engaño y la impostura tienen sus límites.


martes, 21 de julio de 2020

CORT DEBE UN HOMENAJE A TARONGÍ


CORT DEBE UN HOMENAJE A TARONGÍ

El canónigo Josef Taronjí (según la grafía de su sepultura) fue un intelectual de primera línea en la Mallorca de la segunda mitad del siglo XIX, pues su obra representa mejor que la de algunos el espíritu aperturista y modernizador que tanto contribuyó a poner las bases del posterior gran desarrollo social y económico de nuestras islas.

El clérigo es conocido, sobre todo, por su lucha sin cuartel para superar el arraigado prejuicio, de parte de la más petrificada sociedad mallorquina, contra los descendientes de judíos conversos conocidos como xuetas. Una fractura que pervivió mucho más allá del reconocimiento de los derechos individuales en la legislación española. Motivo por lo cual, a pesar de las razones que al canónigo le reconocieron con claridad todas las instancias jurídicas, no le quedó otro remedio que alejarse de su queridísima tierra natal al final de su corta vida.

Josep Tarongí Cortés, fue discípulo de los más destacados pensadores mallorquines de su siglo, y participó con entusiasmo del espíritu aperturista y modernizador que él fundamenta en los valores del humanismo cristiano en concordancia con el individualismo liberal. Esto es, aquellos que alumbraron los “derechos del ciudadano”, preludio de lo que ahora conocemos como “derechos humanos”. Así, desde su púlpito de sacerdote mostró con claridad su absoluta repulsa a la institución de la esclavitud y la discriminación racial. Al tiempo que abogó abiertamente por el movimiento constitucional español de los derechos y la dignidad de las personas.

Bilingüe militante, fue capaz de defender en castellano la literatura catalana y en catalán la patria española.  Siendo un intelectual que utilizó la literatura para sostener sus avanzadas ideas progresistas. Alejado del movimiento romántico, dedicado a la descripción de sublimes paisajes y hazañas pretéritas, el padre Tarongí prefirió centrarse en observar a sus contemporáneos con sus sufrimientos y sus anhelos, siendo, quizás por ello, el más urbano de todos literatos mallorquines del momento. Amó con cariño verdadero a su ciudad, a la que le dedicó uno de sus más reconocidos poemas: “Oda a la ciudad de Palma”.

Su modernismo le llevó a ensalzar también la tecnología decimonónica, viendo en el telégrafo, el teléfono o el ferrocarril un proceso de próspero hermanamiento y apertura entre los pueblos y las naciones, el inicio de una ventajosa globalización. Sin duda, pensando en el papel protagonista que nuestra tierra podía tener en ese devenir.

Por todo ello, el primer consistorio republicano, surgido de las lecciones de abril de 1931, decidió otorgarle el título de “Hijo Ilustre de Palma” y dedicarle una calle tal como era costumbre. Sin embargo, como aquel primer gobierno municipal apenas duró unas semanas, el nombramiento quedó en el olvido, a pesar de estar puntualmente recogido en el Acta del Pleno correspondiente. No se encargó ningún retrato, ni se hizo se celebró acto alguno. Incluso su nombre no aparecía en el catálogo de los que ostentan tan alto honor.

Es cierto que cincuenta años después de aquella decisión una calle del Coll d’en Rebassa fue bautizada con su nombre. pero todavía está pendiente el homenaje que se merece, no sólo como Hijo Ilustre de nuestra ciudad sino como representante del más genuino, abierto y universal espíritu palmesano. Cort se lo debe.

martes, 14 de julio de 2020

Construyendo al enemigo


Construyendo al enemigo

A lo largo de la historia una de las formas más socorridas de legitimar el acceso al poder ha sido la existencia de un enemigo común que genere el miedo necesario para aunar voluntades. De hecho, cuando no ha existido también ha sido frecuente crearlo, en el imaginario popular, describiendo un ser malévolo, desagradable, e incluso feo y maloliente, claramente diferente a quien se pretende unir.

Para el asalto al poder, hasta se puede crear un relato que transforme en enemigo a quien, simplemente, se tenga interés en orillar. Poniendo, para ello, énfasis en la amenaza que suponen sus características diferentes por pequeñas que éstas puedan ser. Para asegurarse el éxito, la denuncia de ese supuesto peligro tiene que ser incisiva, intensa y, sobre todo, constante, de forma que resulte fácil ganarse la voluntad del hombre manso y amigo de la paz.

Los nacionalistas de todas las épocas y lugares lo saben bien, por lo que han dedicado ingentes cantidades de recursos a la construcción de un o varios enemigos externos o, han señalado con el dedo acusador a alguna minoría interna, como elemento principal para que su comunidad se reconozca a sí misma como nación, y a ellos como sus legítimos dirigentes.

Sin embargo, la historia de occidente cambia de rumbo con el humanismo liberal que se alumbra con la ilustración. Con él, poco a poco, se establece la igualdad entre todas las personas, a pesar de sus distintos orígenes, preferencias o intereses. Diferencias que, además, son armonizables mediante el imperio de ley, la “mano invisible” del mercado, y la democracia representativa. Así, que a medida que estas nuevas ideas, con dificultad, se abrían camino fueron desapareciendo muchos de los enemigos imaginarios cuya única razón de existencia era la conquista del poder. Esta forma de pensar es la que está detrás de la globalización que no ve ningún tipo de incompatibilidad ni antagónico entre países unidos por pacíficos lazos comerciales. A pesar de todo, junto al nacionalismo, otra excepción a esa tendencia fue el marxismo con sus irreconciliables explotadores y explotados.

Ocurre que, con el sistema electoral español, salvo que se obtenga una mayoría absoluta, los pactos entre minoritarios constituyen la forma preferente de acceso al poder. Éstos han sido más comunes entre izquierdas y nacionalistas, de manera que lo que les ha resultado más fácil ha sido recurrir a la vieja estratagema de la construcción de un enemigo común, intentando vincular la alternativa de derechas -de comportamientos impecablemente democráticos- con la dictadura, o con extremismos radicales inexistentes: el famoso dóberman.

Ahora, sin embargo, en la medida que los partidos políticos antisistema ganan protagonismo, se está intentando identificar como nuevo enemigo a la propia cultura occidental. De ahí que ya no se conformen con derribar monumentos o símbolos de una época dictatorial de signo contrario, sino todos aquellos que recuerdan el largo, difícil y no lineal camino hacia nuestras democracias que tanto éxito han tenido en todos los campos sociales sin necesidad de ningún tipo antagonistas. Y todo esto coincide, curiosamente, con la aparición de un enemigo invisible que parece real, al que el Poder combate con bastos y burdos métodos medievales, en plena era de acceso a la inteligencia artificial.

No es la primera vez que el absurdo se pone manos a la obra, lo hizo en varias ocasiones durante el siglo XX. La historia sabe lo que eso significó, por lo que nos podría enseñar mucho. ¡Si la dejan hacerlo, claro!

viernes, 10 de julio de 2020

Nunca más el error del confinamiento

Muy interesantes comentarios de Fernando del Pino Calvo-Sotelo en fpcs (Opinando desde la independencia y la libertad)
En 1968 la tercera pandemia de gripe del siglo XX mató al menos a un millón de personas en todo el mundo, la mitad de ellos menores de 65. De ellos, 100.000 murieron en los EEUU y 60.000 en Alemania. Sin embargo, prácticamente nadie la recuerda, porque, aunque se tomaron medidas sensatas como llevar mascarillas en el transporte público, procurar una mayor higiene de manos y evitar aglomeraciones, ningún gobierno encerró a sus ciudadanos, ni los vigiló con un estado policial bajo normas draconianas y contradictorias, ni hubo pánico, ni cierres de empresas, ni paro, ni depresión, ni los medios contaron diariamente cada contagio y cada muerto.
La desorbitada medida de encerrar a toda la población en sus casas, o sea, cerrar un país a cal y canto, es, por tanto, una anormalidad. Naturalmente, los gobiernos, a los que siempre conviene atribuir una presunción de mendacidad, aseguran que esta medida ha sido exitosa, aunque a largo plazo y a nivel global quizá haya costado vidas y haya devastado las economías (de cuya robustez, no lo olviden, depende nuestro sistema sanitario). A estos gobiernos les molesta mucho que algunos países hayan decidido no confinar y se presten a incómodas comparaciones. Esta persecución del disidente resulta sospechosa, pues denota cierta inseguridad en el supuesto “éxito”. En efecto, ahora que tenemos muchos más datos sanitarios, éstos plantean serios interrogantes. Suecia decidió no confinar y tiene una mortalidad similar o inferior a la de países que sí confinaron como Francia, Reino Unido, España, Italia o Bélgica. Más aún, en Suecia el pico de muertes se produjo a mediados del mes de abril (media móvil semanal), exactamente igual que en el Reino Unido o Alemania (y poco después que Italia, Francia y España), y se ha reducido desde entonces en un 94%, cifra similar a la experimentada en otros países[1]. Luego si el pico de muertes se ha producido en fechas similares en todos estos países, independientemente de la existencia o dureza del confinamiento, y la caída de mortalidad también ha sido parecida, es difícil defender que aquél haya sido el factor decisivo. De hecho, no existe correlación alguna entre dureza de confinamiento y mortalidad: España ha sufrido el confinamiento más dictatorial y extremo del mundo y también el mayor número de muertos por millón (según todas las fuentes menos el gobierno), mientras que países con confinamientos blandos han tenido una mortalidad muy inferior. Al otro lado del océano, ocho estados de los EEUU decidieron no confinar a su población, y su mortalidad ha sido indistinguible de la de estados vecinos con similar densidad de población que sí confinaron.
De estos datos se desprende que, en la inmensa mayoría de los casos, el confinamiento ha sido una medida aturullada, tardía y reactiva y un fracaso sanitario. En España el gobierno primero reaccionó tarde (8-M) y luego nos ha tenido 90 días encerrados por un virus con un período medio de incubación de 5 días, período durante el cual hemos pasado de 288 muertos a más de 40.000, según las fuentes más fiables. Es tan evidente que esto es un fracaso sanitario que choca insistir en lo obvio.
Los defensores del confinamiento se escudaron en su día en un cuestionado y alarmista estudio realizado por una universidad británica que auguraba millones de muertos basándose en modelos matemáticos anticuados y hoy muy desacreditados[2]. Pues bien, la misma universidad ha publicado lo que es esencialmente el mismo estudio por segunda vez (con los mismos modelos) defendiendo los millones de vidas (estimación virtual que reconoce dar sólo “a título ilustrativo”) supuestamente salvados por el confinamiento, o sea, por su primer estudio. Segundas partes nunca fueron buenas y ésta ya ha sido objeto de aguda crítica por parte de expertos[3], pero es la que ha utilizado el incompetente Sánchez para sacar pecho a pesar de su calamitosa gestión de la epidemia (ante el silencio de la indolente no-oposición).
Tras la tragedia, acentuada por la acción gubernamental, es hora de intentar recuperar prudentemente la normalidad, y para ello sería deseable un mayor rigor por parte de medios y autoridades. Los mal llamados “rebrotes” no son recaídas inesperadas. Convivimos con el coronavirus y seguiremos haciéndolo, pero su letalidad ha caído drásticamente, por lo que un aumento de contagios leves o asintomáticos no es necesariamente alarmante, mientras que la evolución del número de hospitalizados graves (particularmente en UCI) es un dato más informacional. Tampoco parece lógico tomar como principal unidad de medida el número “oficial” de contagiados, pues las autoridades jamás han sabido su número real: la cifra depende del número de tests realizados y los estudios de seroprevalencia han mostrado que sólo se detectan uno de cada diez casos, como mucho. Los contagios detectados en una enfermedad que cursa asintomática hasta en un 80% nunca tendrán demasiado significado. Incluso es posible que el número de contagiados sea, como se deduce de un reciente estudio sueco[4], el triple de lo que muestran los estudios de seroprevalencia, que no detectan la inmunidad por linfocitos T. De confirmarse este dato, Madrid y otros focos estarían mucho más cerca de la inmunidad de rebaño (que es estima ahora cerca del 40% [5]) y, como corolario, la letalidad del Covid-19 sería mucho menor de la estimada inicialmente, datos claramente esperanzadores.
Resulta esencial comprender que el confinamiento indiscriminado, que encierra por igual a sanos y enfermos, a población de riesgo y a la que no lo es, al campo y a la ciudad, a zonas muy afectadas y a zonas donde apenas hay casos, ha sido una decisión producto de la ignorancia del momento y del pánico político. Los gobiernos sencillamente salieron en estampida. Es una medida insostenible en el tiempo y, además, ha resultado un fracaso sanitario, un intolerable atentado de naturaleza fascista y totalitaria y un desastre económico sin precedentes. Ningún país, y España menos que nadie, puede permitirse el caos que produciría un segundo cierre indiscriminado. Varios estudios[6] apuntan a que la distancia social, la evitación de aglomeraciones, el uso de mascarillas en entornos cerrados, concurridos y poco ventilados, la protección de hospitales y residencias, el aislamiento de los enfermos y de sus contactos y, en caso necesario, el de la población de riesgo en focos locales, es epidemiológicamente eficaz y salvaguarda el Estado de Derecho y el funcionamiento del país. Ahora que disponemos de mucha más información, las autoridades deberían aprender la lección y garantizar que nunca más se va a repetir el error, porque esta incertidumbre está lastrando la recuperación y amenaza con convertir la crisis creada por la acción gubernamental en una depresión de inquietantes consecuencias.

martes, 7 de julio de 2020

El arte de subir impuestos y Sánchez.


El arte de subir los impuestos y Sánchez.

Decía Jean-Baptiste Colbert, el famoso ministro de finanzas francés del siglo XVII, que el arte de subir los impuestos es parecido al de desplumar al ganso, ya que el objetivo es obtener la mayor cantidad de plumas haciendo el menor ruido posible. Es un arte peligroso, pues la historia está llena de ministros, gobiernos e incluso imperios caídos por haber fracasado en el intento.

Todos los ministros de finanzas todos, tanto los que ocupan el cargo en tiempos de vacas gordas como los que lo hacen en recesión, trabajan incansablemente para aumentar al máximo los ingresos del erario público. Es decir, no cabe ningún impuesto más porqué si cupiese ya estaría implantado. Hasta incluso Reagan justificó su contención con un gurú que sostenía que así recaudaría más. De hecho, es una ley como la de la gravedad que cualquier administración aumentará su tamaño mientras los ciudadanos acepten, sin protestar, una unidad adicional de tributos.

Ciertamente, la quiebra del Estado, no sólo se produce durante las crisis, sino que es casi permanente. Aunque los gobiernos sólo la reconocen y actúan de forma pública y notoria cuando no consiguen ningún tipo de crédito. Cuando eso ha sucedido en nuestro país, los gobiernos socialistas han solido dejar paso a gobiernos populares. Por lo que el papel de ajustadores fiscales, hasta ahora, les ha tocado mayormente a estos últimos.

Pero Pedro Sánchez quiere mantenerse en la Moncloa en cualquier tiempo a cualquier precio. Por lo que ya nos ha anunciado que va subir impuestos, aunque se ha cuidado mucho de repetir que lo que se trata es de una “reforma del sistema fiscal”, sabedor que es cierto que el actual sistema no es sino un conjunto heterogéneo de impuestos que han crecido de forma desordenada, con grandes ineficiencias y mal repartidos entre administraciones.

Así que probablemente, siguiendo el consejo, Sun Tzu que decía que “conquista quien utiliza el arte de la desviación”, nuestro maquiavélico presidente usará el concepto de “reforma fiscal” para involucrar en su propósito a las CCAA, por aquello de la corresponsabilidad y, quizás, incluso a grandes ayuntamientos, así como a algún sector productivo de fuerte impacto mediático al que, a cambio, prometerá proteccionismo. De esta forma, junto con los perdedores del hachazo fiscal que será la mayor parte de la población, rentas medias y bajas incluidas, habrá un puñado de ganadores. Por supuesto, serán preferentemente estos últimos los que aparecerán en los numerosos medios de comunicación que ya tiene a su servicio.

Como su objetivo principal es continuar instalado en el poder, desplumará más en donde el ganso haga menos ruido, con un resultado que quedará muy lejos de ser justo, a pesar de los eslóganes que machaconamente repetirá. Los sectores de la sociedad mejor organizados serán menos castigados que los que no lo estén. Lo que hace pensar que preferirá subir los tributos de mayor potencia de fuego y alcance, evitando aquellos que afecten a sectores concretos con capacidad de respuesta. El arte de subir impuestos, como el de la guerra, lo basará en el engaño que divide al adversario.

¿Sobrevivirá Sánchez al rejonazo fiscal que nos ha anunciado? Ciertamente se la jugará en el envite, y puede le salga mal, pero su trayectoria de ladino embaucador se convierte en una ventaja para esta batalla. Más vale que todo aquel que no esté en uno de esos pocos sectores con resortes de influencia vaya preparando su bolsillo.

Pep Ignasi Aguiló, economista

martes, 30 de junio de 2020

Pasar la ITV en Valldemossa


PASAR LA ITV EN VALLDEMOSSA

Pasar la ITV en cualquier pequeño municipio habría sido posible si se hubiese liberalizado el proceso de inspección de vehículos. Ciertamente, si los pequeños talleres de pueblo hubiesen podido disfrutar de la demanda suficiente, estable y segura que supone la ITV quizás no habrían desaparecido. Y lo mismo pasaría en los barrios de las poblaciones de mayor tamaño. Una comodidad que nos hubiese podido ahorrar al menos un día de incómodas gestiones.

Tampoco habría demoras, ni colas, ni listas de espera, puesto que la oferta se iría ajustando a la demanda automáticamente. No habría que esperar a que venza una concesión, ni a debatir en un pleno de un consell, ni a que se elaboren nuevos pliegos, ni a que se realice los correspondientes concursos, ni a que finalmente se adjudique y, por fin, se ponga en funcionamiento.

Los precios serían menores, al evitar la situación de monopolio, con su correspondiente poder para fijar precios, con el único requisito de convencer al político de turno. Cómo habría competencia, y libertad de elección, podríamos disfrutar de precios muy cercanos a los costes. Además de ahorrarnos el canon que cobran los consells a los concesionarios.

Se reducirían los desplazamientos a las grandes concentraciones urbanas, evitando, poco o mucho, la saturación de las infraestructuras. Se hubiesen creado puestos de trabajo más dispersos, ligados a una determinada localidad, lo que supone un mejor reparto territorial de la población. Y se habría potenciado y difundido el now-how del sector.

Otro hecho de no menor importancia es que se hubiesen evitado tentaciones de prácticas corruptas. Quitándole el poder de decisión a políticos y funcionarios se evita la ocasión de que éstos actúen de una forma indebida. Ni tan siquiera hubiesen experimentado ningún tipo de presión para una mala actuación. Así, alguno de los episodios de los que todos nos acordamos nunca se hubiesen producido, contribuyendo a una mejor imagen de la gobernanza de nuestras instituciones.

Los estándares de seguridad podrían ser iguales o superiores, puesto que esos pequeños negocios tendrían que pasar una homologación del material y los procedimientos que emplean. Lo que supondría una mayor facilidad para adaptar mejoras de todo tipo. Además, los mecánicos podrían conocer personalmente a sus clientes, y en muchas ocasiones también tendrían una clara idea del historial de sus automóviles, pudiendo aconsejar actuaciones de mejora.

De hecho, la inspección de los buques está liberalizada, al igual que la de los edificios, o la de las instalaciones eléctricas o de gas, o incluso, las revisiones médicas de los conductores, sin que por ello nadie ponga en duda su solvencia. Pues, aunque los precios sean más bajos que en situación de monopolio administrativo, la calidad del servicio ofrecido es del nivel que se requiere.

Pero nada de lo dicho ocurrirá, pues una vez se aceptan los “intereses creados” y se desata el poder burocrático es casi imposible revertir la situación. Una lástima.

Pep Ignasi Aguiló, economista


sábado, 27 de junio de 2020

Me entrevistan en la BBC News/Mundo (Margarita Rodríguez)

Joseph Schumpeter, el hombre que predijo el fin del capitalismo y que es clave para entender la economía de hoy



"¿Puede el capitalismo sobrevivir?", se preguntó Joseph Schumpeter. "No, no creo que pueda", fue su respuesta.
Su reflexión la plasmó en una de sus principales obras: "Capitalismo, Socialismo y Democracia", de 1942.
Pero el gran economista austriaco no creía en la dictadura del proletariado ni en la revolución de Marx. De hecho, rechazaba lo que entendía como los elementos ideológicos del análisis marxista.
Para él, lo que llevaría al fin del capitalismo sería su propio éxito.
"Considero que Schumpeter es el analista del capitalismo más penetrante que jamás haya existido. Él vio cosas que otras personas no vieron", señaló Thomas K. McCraw, quien fue profesor emérito de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, a Working Knowledge, sitio web de ese centro de estudios.

viernes, 26 de junio de 2020

martes, 23 de junio de 2020

Día de las víctimas del comunismo

mallorcadiario.com


Día de las víctimas del comunismo
Nuestras instituciones deberían celebrar el “Día de las víctimas del comunismo totalitario”, tal como se celebran otras jornadas. Ayudando, así, a que las nuevas generaciones no caigan en errores del pasado, manteniendo viva la memoria de cómo las malas ideas pueden resultar catastróficas para mucha gente.
Esta es una cuestión que gana importancia estos días en los que la actitud de muchos hacia el pasado y hacia la historia, es categóricamente negativa. Ya que la ideología de la corrección política es anti-pasado. Una actitud peligrosa, pues para estos grupos la historia es el enemigo que, no se ha de estudiar objetivamente ni tratar de comprender, sino tan sólo condenar y denunciar, facilitando, por tanto, su manipulación.
En cualquier caso, y más allá de esto último, la historia es una gran reserva de conocimiento y sabiduría. Mantener el recuerdo de los grandes acontecimientos de la humanidad, o los de nuestra pequeña comunidad, nos orienta en nuestra acción de hoy y del futuro. Erigimos monumentos y estatuas, elegimos nombres para las calles o los colegios, o acordamos días de conmemoración con el claro propósito de mejorar a nuestra sociedad y a nosotros mismos.
Así, el pasado septiembre, el propio Parlamento Europeo estableció que la especial obligación de promover y proteger la democracia, el respeto a los derechos humanos y el Estado de derecho, dentro y fuera de nuestras fronteras, conlleva también la de no olvidar nuestro pasado más trágico. Preservando el recuerdo de los crímenes cometidos por los regímenes comunistas totalitarios, así como los del nacional-socialismo. Uniendo ambos sistemas de gobierno en una cruel memoria.
Ciertamente, los regímenes totalitarios comunistas no sólo han gobernado a una gran parte de la humanidad, sino que han llegado a ser una tentación para algunas democracias de nuestro entorno. Envueltos en una nube de propaganda, hubo que esperar hasta el final de la guerra fría para conocer el verdadero alcance de las más terribles atrocidades cometidas. Por eso, en 1986 en muchas ciudades del mundo se organizaron manifestaciones bajo el lema “El día del lazo negro” con el objetivo de llamar la atención sobre los masivos crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por aquellos totalitarios regímenes. Posteriormente se estableció el 23 de agosto como “Día de las víctimas del Estalinismo y el Nazismo”.
Sin embargo, actualmente cualquiera de nuestros estudiantes de secundaria o de universidad, si bien conoce lo ocurrido durante el Crack del 29 atribuyendo sus males al sistema capitalista, desconoce por completo lo que significó el genocidio ucraniano del Holodomor, o la Sistematizarea de Ceaucescu, o cuáles fueron los terribles sucesos del Gran Salto Adelante y de la Revolución Cultural de Mao o la ruralización de Pol-pot…etc. Una distorsión que puede tener graves consecuencias por la simple ignorancia del pasado.
Es cierto que desde hace algún tiempo se realizan actos en recuerdo de las víctimas del nacismo. Sin embargo, pocas instituciones de nuestro país, y tal vez ninguna de nuestra comunidad ha incorporado la conmemoración promovida por la UE a su calendario. Quizás ha llegado el momento de hacerlo, para contribuir a apartar la propaganda desenterrando la historia.
Pep Ignasi Aguiló, economista.