250 años de Adam Smith
En rigor, estos días se conmemora el 250 aniversario de la monumental obra “Una investigación sobre las causas de la riqueza de las naciones";, de Adam Smith, un volumen que aporta claves esenciales para comprender la economía moderna. La efeméride coincide con la fundación de Estados Unidos —cuya independencia y posterior Constitución se inspiran en principios afines— y también con el inicio de la comercialización de la máquina de vapor de James Watt. Esta triple coincidencia convierte a 1776 en un punto de partida decisivo en la transformación de las sociedades humanas.
El libro, publicado el 7 de marzo de ese año crucial, ofreció una explicación determinante del entonces emergente fenómeno del crecimiento económico. Además, en manos del primer ministro británico William Pitt el Joven, contribuyó a relanzar el ánimo de una Inglaterra dolida por la pérdida de sus posesiones americanas.
Entre las ideas principales del autor escocés destaca que en toda transacción económica ambas partes —comprador y vendedor— obtienen beneficio. El comercio no es un juego de suma cero, sino una fuente de prosperidad compartida: gana quien vende y también quien compra, tanto en el ámbito doméstico como en el internacional.
Ahora bien, el comercio exige isonomía, es decir, igualdad ante la ley y ausencia de privilegios. Con esa condición, los mercados se expanden y favorecen un crecimiento sostenido. Smith lo ilustra con el ejemplo de una fábrica de alfileres en la que, tras ampliar su mercado gracias a la unión de Escocia al Reino Unido, y la adopción del marco legal surgido de la Revolución Gloriosa de 1688, multiplicó su producción diaria de 20 a más de 48.000 unidades al dividir y especializar el trabajo de sus operarios. Este notable aumento, aunque basado en el esfuerzo y el estado de las artes, arranca con la eliminación de trabas y barreras legales.
La obra posee, además, un claro trasfondo moral. No en vano, Smith fue profesor de filosofía moral y autor de “Teoría de los sentimientos morales" (1759). Su metáfora de la “mano invisible” expresa cómo la búsqueda del interés individual puede contribuir al bienestar colectivo eliminando prebendas reguladas.
No obstante, sus ideas fueron reinterpretadas de forma discutible por sus sucesores Thomas Malthus y David Ricardo. El primero derivó hacia un enfoque catastrofista sobre los límites del crecimiento, mientras que el segundo llevó al extremo la teoría del valor-trabajo, posteriormente asumida por el marxismo.
Frente a ellos, el francés Jean-Baptiste Say —decepcionado por cómo la revolución de su país sustituyó un monarca por un emperador— reformuló las ideas de Smith con mucha mayor claridad, pedagogía y precisión, evitando errores y ejerciendo una notable influencia sobre todo en Estados Unidos, y también en el liberalismo español.
Sea como fuere, esta efeméride merecería ser celebrada no sólo en las facultades de economía, sino por toda la sociedad. ¡Qué lástima que no sea así!
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